- ¿Aló?
- Desubicada, ¿estás ocupada?
- No, Rasu. Vente nomás.
Después de 20 minutos (que, inicialmente, eran sólo 5), me encuentro con el señorito
Carlos Herrera (más conocido como Rasu, para mí) en la entrada de La Ratonera (UPC). Él, con
jean oscuro, polo ancho y Converse; yo, con el único
jean que tengo, polera blanca (camino a ser gris) y Converse con figuras de
cupcakes.
- ¿Quieres entrar?
- Ya, pues. A ver dónde estudia la desubicada.
- Ok. Saca tu carné universitario para que entres con eso.
- ¿No debería enseñarles el tuyo?
-Claro, como nos parecemos tanto... Tú solo enséñales tu carné como si entraras con él todos los días.
- Si tú lo dices...
Confiando en la actuación merecedora al Oscar de Rasu, camino hacia el interior de la universidad, comentando en voz alta el motivo de mis ojeras al estilo mapache, cuando escuchamos una voz detrás de nosotros.
- Joven, ¿su TIU?
- No lo he traído. Sólo tengo mi carné universitario.
- ¿De dónde viene usted?
- Es mi invitado -intervengo.
- Señorita, no está permitido el ingreso de alumnos de otras universidades al campus.
- ¿Por qué no?
- Porque así lo dice el reglamento. ¿Lo ha leído?
- No, señor, por eso le estoy preguntando el motivo por el que se prohíbe la entrada a invitados.
- Es su deber informarse, señorita.
"Lástima. Y yo que pensé que les pagaban por algo más que estar parados todo el día. Qué ingenua", murmuro en un tono de voz que sólo yo soy capaz de percibir y me alejo con Rasu. Como faltan pocos minutos para las tres de la tarde, nos sentamos en una banca a conversar sobre la vida, nos cagamos de risa de la misma y, finalmente, convenzo a Rasu de regresar a las 7 pm para pasear en Abelardo e irnos a tragar a un lugar cercano.
A las 6:30 pm, después de babear dormida en clase de Gerencia de Productos, me encuentro nuevamente con Rasu en otra entrada de La Ratonera, nos dirigimos al estacionamiento, enciendo y caliento a mi pobre Abelardo y decidimos ir al Papa John's (sí, tuiteros, más pizza) de
Guardia Civil, aprovechando mis vales de promoción y mi aún antojo pizzero.
Todo marcha de la refurinfunflai hasta que llegamos al cruce de la muerte: un cruce en no sé exactamente dónde, antes de llegar a la Avenida El Polo y cerca a la Embajada de Gringolandia, en el cual los carros aparecen de todos los puntos posibles, sin semáforo que funcione y sin policía que dirija el tránsito (¿sorprendente? NO).
Habremos estado estancados entre 20-30 minutos, sin posibilidad de movernos ni de hacer nuevos amiguitos(as) a través de la ventana (salvo unas señoras que se burlaban de mi cara de sufrimiento y desesperación). Abelardo fue azotado por un cobrador que se dispuso a darnos órdenes a todos como si ese pedazo de mierda fuera el rey al volante y yo solté un par de insultos, mientras que Rasu entre que puteaba conmigo y se entretenía grabando aquel acontecimiento.
No me di cuenta en qué momento apareció el Moisés del tránsito, alzó sus brazos y despejó mi camino para que pudiera llegar sana y salva a Papa John's, pero te lo agradezco desde lo más profundo de mi ursulino ser, quien quiera que hayas sido.
Antes de despedirme y de que vean los videos como prueba de aquel día, me tomaré un segundo (ojo, solo uno) para agradecer a mi querido copiloto Rasu, porque sin él hubiera entrado en pánico esa noche, haciendo que no sea capaz de hacer ningún movimiento y provocara el segundo estancamiento de la noche.
Ahora sí me callo. Disfruten.