Mostrando entradas con la etiqueta Videopost. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Videopost. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de mayo de 2014

Cómo mejorar tu día

Pasos sencillos para mejorar tu día de mierda en un día feliz o, al menos, pasable:

Probar una nueva posición sexual.
Putear a esa persona que tanto se lo merece.
Escuchar esa canción que olvidaste que existía.
Satisfacer ese antojo de hace meses.
Hacer lo que dejaste ayer. Y antes de ayer. Y el día antes.
Súbele el volumen a la música (satánica).
Reír hasta orinarte encima.
Apagar el celular.
Bailar como si nadie te estuviera viendo.
Prueba algo nuevo.


Y, mi favorito, visitar de manera sorpresa a los abuelos.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Entre gritos y orgasmos


Hace poco volví a ver este video y me oriné de la risa, así que decidí compartirlo con ustedes.

Es de un viaje que hice en abril de este año con mi papá, abuela paterna, primo, padrino y esposa y mis hermanas, Andrea (la mayor) y Arianna (la menor), a Ica.

Caminando por una plaza (cuyo nombre desconozco, para variar), mis hermanas, mi primo y yo decidimos subirnos a un arenero para "pasear" por las dunas como esto no fue planificado, ya entenderán por qué estaba yo con una falda larga (y blanca, encima) y con lentes de montura y no de contacto.

Sin sospecharlo (o quizás sí), el viaje pronto se transformó en una carrera a lo rápidos y furiosos, llena de gritos de espanto y de placer (se siente rico, pues) y con la arena azotándonos las caras.

A mitad de camino, el instructor se detuvo y nos dio tablas para que hagamos sandboard, desquitándose cruelmente conmigo (ya lo verán). ¿Por qué? No lo sé. Supongo que porque me vio la cara de desubicada.


lunes, 16 de mayo de 2011

Vueltas


15.05.11 Desubicada en el Hippie Sunday. Gato no contesta. Goro llama. Salgo con Abelardo. Koki me apura. Encuentro con el trío. Me hago la pichi (pero me aguanto porque estoy con el jean que me aplasta la vejiga y me saca poto). Malecón de Miraflores. Garúa. Frío y los dedos congelados de Sandy. Koki y su intento de ser fotógrafo. Tambores. Pichi. Perro que parece pony. Hippies (o ''intentos de''). Marihuana (axila con pasto). Faldas, malabares, trenzas. Happy brownie y empanada con lentejas y garbanzos. Fogata y el humo que humedece mis ojos. Flacas idas, bailando; flacos ricos, tocando. Pichi. Fotos, flash. Perdida, mareada. Marihuana en mi ropa y en mi nariz. Música, baile, caderas. Puchos. Pichi. Instrumentos. Frío. Koki desaparece. Sandy desaparece. Yo me quedo ciega. "¿Eres hippie?", pregunta. "No, acá nadie es hippie", respuesta. Vergüenza, choteada, risas. Aburrimiento. Pichi. Temblamos de frío. Nos alejamos. Encontramos los juegos. Nos subimos a uno, los cuatro a la misma vez. Piernas moviéndose. Ganas de vomitar. Gritos, orgasmos y puteadas. Vueltas, vueltas y vueltas.

Llego a mi casa, hago pichi y me tiro en el sofá pensando solamente en eso: vueltas.

martes, 4 de enero de 2011

RT

Hace no más de cinco meses que me creé Twitter.

No planeaba hacerlo. Pensaba que, con Facebook, MSN y mi blog, mi vida ya estaba saturada de las redes sociales y que la relación con mi flaco estaba peligrando. Pero un día, a Adrián, el pejelagarto tuitero, poco le faltó para lanzarme contra la pared, sacudirme el cuerpote y carajearme, ordenándome que entrara a este universo desconocido. Lo que ocurrió en la realidad no fue muy diferente: una “simple” sacudida de hombros por parte de Adrián, junto con la clara afirmación del día: “Créate Twitter, mierdecita”.

Le hice caso unos días después (un 06/08/10, para ser más exactos), en una tarde en la que no tenía nada más que hacer y en el que me dije a mí misma el típico «¿por qué no?». Abrí la página de Twitter, clickeé la opción sign up, pensé en un nombre para mi persona, elegí una foto como ávatar –al mismo tiempo que aprendí que “ávatar” no es solamente la película de James Cameron– y voilà, el show ya podía comenzar. Y comenzó con un simple, pero efectivo, “hola”.

Hola, universo inexplorado; hola, gente conocida; hola, gente desconocida; hola, nuevos seguidores; hola, nuevos “siguiendo”.

Por más triste y patético que suene, mi relación con Twitter es una de las más entretenidas que he tenido (hablando virtualmente, vale resaltar). Y es que en esta dimensión desconocida ocurre de todo: muerte de artistas conocidos cada mes, datos de empresas vendedoras de juguetes sexuales, invenciones de “cueros” mexico/peruanos, rajes y confesiones al aire libre, transmisiones en vivo de un brasilero gay con complejo de diva y otras especies raras –pero que, al fin y al cabo, humanos a quienes les importa un rábano lo que piensen los demás y eso es lo genial.

Lo bacán es cuando te lees con un usuario por largo tiempo y luego se te presenta la oportunidad de conocerlo en vivo y en directo. Lástima que no pueda decir lo mismo de mi encuentro con el querido Ginnoceronte (mentira). Confirmas que son personas reales y no figuritas sacadas de Google Images o de alguna novela mexicana (o quizás un windsurfer gringo). Para mí, esto termina siendo, en la mayoría de casos, un placer orgásmico.

Retuitéalo –después de ver los videos.





miércoles, 27 de octubre de 2010

Crónica de una noche en cuatro ruedas


- ¿Aló?
- Desubicada, ¿estás ocupada?
- No, Rasu. Vente nomás.

Después de 20 minutos (que, inicialmente, eran sólo 5), me encuentro con el señorito Carlos Herrera (más conocido como Rasu, para mí) en la entrada de La Ratonera (UPC). Él, con jean oscuro, polo ancho y Converse; yo, con el único jean que tengo, polera blanca (camino a ser gris) y Converse con figuras de cupcakes.

- ¿Quieres entrar?
- Ya, pues. A ver dónde estudia la desubicada.
- Ok. Saca tu carné universitario para que entres con eso.
- ¿No debería enseñarles el tuyo?
-Claro, como nos parecemos tanto... Tú solo enséñales tu carné como si entraras con él todos los días.
- Si tú lo dices...

Confiando en la actuación merecedora al Oscar de Rasu, camino hacia el interior de la universidad, comentando en voz alta el motivo de mis ojeras al estilo mapache, cuando escuchamos una voz detrás de nosotros.

- Joven, ¿su TIU?
- No lo he traído. Sólo tengo mi carné universitario.
- ¿De dónde viene usted?
- Es mi invitado -intervengo.
- Señorita, no está permitido el ingreso de alumnos de otras universidades al campus.
- ¿Por qué no?
- Porque así lo dice el reglamento. ¿Lo ha leído?
- No, señor, por eso le estoy preguntando el motivo por el que se prohíbe la entrada a invitados.
- Es su deber informarse, señorita.

"Lástima. Y yo que pensé que les pagaban por algo más que estar parados todo el día. Qué ingenua", murmuro en un tono de voz que sólo yo soy capaz de percibir y me alejo con Rasu. Como faltan pocos minutos para las tres de la tarde, nos sentamos en una banca a conversar sobre la vida, nos cagamos de risa de la misma y, finalmente, convenzo a Rasu de regresar a las 7 pm para pasear en Abelardo e irnos a tragar a un lugar cercano.

A las 6:30 pm, después de babear dormida en clase de Gerencia de Productos, me encuentro nuevamente con Rasu en otra entrada de La Ratonera, nos dirigimos al estacionamiento, enciendo y caliento a mi pobre Abelardo y decidimos ir al Papa John's (sí, tuiteros, más pizza) de
Guardia Civil, aprovechando mis vales de promoción y mi aún antojo pizzero.

Todo marcha de la refurinfunflai hasta que llegamos al cruce de la muerte: un cruce en no sé exactamente dónde, antes de llegar a la Avenida El Polo y cerca a la Embajada de Gringolandia, en el cual los carros aparecen de todos los puntos posibles, sin semáforo que funcione y sin policía que dirija el tránsito (¿sorprendente? NO).

Habremos estado estancados entre 20-30 minutos, sin posibilidad de movernos ni de hacer nuevos amiguitos(as) a través de la ventana (salvo unas señoras que se burlaban de mi cara de sufrimiento y desesperación). Abelardo fue azotado por un cobrador que se dispuso a darnos órdenes a todos como si ese pedazo de mierda fuera el rey al volante y yo solté un par de insultos, mientras que Rasu entre que puteaba conmigo y se entretenía grabando aquel acontecimiento.

No me di cuenta en qué momento apareció el Moisés del tránsito, alzó sus brazos y despejó mi camino para que pudiera llegar sana y salva a Papa John's, pero te lo agradezco desde lo más profundo de mi ursulino ser, quien quiera que hayas sido.

Antes de despedirme y de que vean los videos como prueba de aquel día, me tomaré un segundo (ojo, solo uno) para agradecer a mi querido copiloto Rasu, porque sin él hubiera entrado en pánico esa noche, haciendo que no sea capaz de hacer ningún movimiento y provocara el segundo estancamiento de la noche.

Ahora sí me callo. Disfruten.


domingo, 10 de octubre de 2010

Desubicándome con Ginnoceronte


Ginno Melgar ha sido la primera persona que he conocido personalmente después de haberla conocido por una red social (Twitter, en nuestro caso).

Una hora antes del encuentro, desubicada y desconfiada, pensé en la posibilidad de que el pata sea un maniático, violador o pedófilo (muchas personas son lo contrario a lo que aparentan en el mundo virtual), y caí en la cuenta de que, dada mi ingenuidad, yo no haría nada y dejaría que él hiciera lo que quiera conmigo (secuestrarme, fugarse con mi carro, cortarme en pedacitos, etc.).

Pero la realidad fue otra: Ginno Melgar (Gin-Gin, de cariño) resultó ser una excelente persona y terminó cayéndome de la putísima madre. Y como no teníamos nada mejor que hacer (yo sí), grabamos nuestras ocurrencias, disparates, sandeces ocurridas ese día. Disfruten.



Y bueno, como estoy afanada con esto de los videos, creo que empezaré una especie de tradición y lo haré más seguido. ¿Quién quiere ser el próximo?

sábado, 2 de octubre de 2010

Tarde con un pejelagarto y una desubicada


"¿Qué hay de nuevo, viejos?"

Primera vez que hago esto y, dependiendo del feedback de la gente, decidiré si lo vuelvo a hacer o no. Es un video sencillo, de dos tuiteros comunes y corrientes llamados @adrianssp y @alecavag, mejor conocidos como ''pejelagarto'' y ''desubicada''.

Tras ver el video (o si quieren leen esto primero, como prefieran), podrán sacar las siguientes conclusiones y más:

1) No soy buena editando y me importa un carajo.
2) Me divierte hacerle muecas a la cámara.
3) Adrián y yo somos expertos (o sea, pésimos) enfocando.
4) Soy el jorobado de Notre Dame, versión femenina.
5) Claramente, Adrián NO confía en mí detrás del volante.
6) Encima que mi compañero Adrián tiene cabeza de pollo, me hace sentir como si estuviera loca al casi convencerme de que no le había contado algo, cuando lo había hecho en menos de 24 horas antes (3:11).
7) Mientras que Adrián se alucina con sus cachetes y tiene complejo de chancho (3:34), yo tengo complejo de cholita (5:03).
8) ¿Seré el amor frustrado del pejelagarto?
9) Alessandra al volante (no) es un peligro andante (saquen sus propias conclusiones).




Siguiendo con la temática inicial de Bugs Bunny, me despido diciendo "¡Eso es todo, amigos!"

Estén atentos para el próximo video de la desubicada en desconocida fecha e indeterminado día, pero siempre, siempre por el mismo canal.

lunes, 1 de marzo de 2010

Crónica de una desubicada en Europa - Francia/Inglaterra


Hoy es martes 9 de febrero y me encuentro nuevamente en Schöneck, Alemania, recordando mis últimas vueltas por Europa.

Recuerdo París y se me vienen, instantáneamente, dos palabras a la mente: soledad y discriminación -no intento ser dramática ni buscar la compasión de nadie; sólo trato de explicar lo que sentí-. Llegué al aeropuerto de Charles de Gaulle sin prisa y sin nadie que me recibiera con una sonrisa. Lo que recibí, en cambio, como bienvenida a este mundo desconocido, fue la mirada de cientos de ojos parisinos que exigían una explicación por parte de esta nueva intrusa en su casa. Y, lamentablemente, esta mirada se quedó conmigo hasta el final de mis días franceses. Desperté a la mañana siguiente preocupada y con dolor de cabeza por culpa de las tantas incógnitas que me atormentaban: ¿Adónde voy? ¿Cómo me movilizo? Pero, sobre todo, ¿¿CÓMO ME COMUNICO?? Así, pues, un viejo celular, tres guías de la ciudad y la frase "bonjour, do you speak english?" se convirtieron en mis fieles compañeros. Si encontraba a alguien que hablaba inglés, estaba salvada; si no, cagada. Por otro lado, sentí miedo. Miedo por los miles de kilómetros que me separaban de mis peruanos y alemanes, miedo por lo desconocido, miedo de la gente. El cambio de Schöneck a París había sido tan rápido que recién me chocó un día en que no encontraba mi hotel a las 18:30 de la tarde, con un frío que me congelaba el culo y un depravado persiguiéndome hasta la entrada de mi hotel. Aparatosamente, conseguí sobrevivir los cuatro días que estuve en París, solo para regresar a Schöneck y volver a volar a otro mundo desconocido.

Paris, Francia. Febrero 2010.


Recuerdo Londres y una sonrisa se dibuja en mi rostro automáticamente. A la mierda con París, a la mierda con Génova y a la mierda con Schöneck (con el respeto a mis parientes). Me encontraba en Inglaterra, tierra de The Beatles, Coldplay, Queen, Oasis, Harry Potter, el british accent. Igual que en París, estaba en una tierra lejana y desconocida, sin papi ni mami, sin amiguitos ni amiguitas. Estaba completamente sola, pero me importaba un pepino. Me acomodé y adapté instantáneamente y me enamoré de la gente, de los parques, del clima, del underground, del fish and chips, de los buses, de la phone booth. Y me enamoré tanto que la inocente idea de mudarme allá golpea mi conciencia hasta el día de hoy.

¿Alguien me acompaña?

Londres, Inglaterra. Febrero 2010.

Crónica de una desubicada en Europa - Italia

(Les sugiero que se acomoden porque esta me salió larga)

Lunes 25 de enero del 2010.

Apenas tres días después de haber pisado suelo alemán, tengo que volver al aeropuerto y tomar ahora dos vuelos: uno de Frankfurt a Roma y otro de Roma a Génova. Ambos vuelos duran menos de dos horas cada uno, pero, aun así, la idea no me entusiasma ni me hace contar los días como debería.

10:30 am. Aunque mi vuelo sale a las 11:15 am, llego al aeropuerto más temprano para hacer el check in y otros. Observo a la gente. Hay de todo: chinos, musulmanes, norteamericanos, españoles, africanos. Van con su pareja, su compañero de trabajo, su familia, sus amigos... En fin. Cada uno camina con alguien diferente, pero es exactamente esto lo que los iguala: todos cuentan con otra compañía. Por lo tanto, e instantáneamente, me siento alejada de los demás. Y me enorgullezco por ello, aunque, por dentro, me cague de miedo y siga gritando "mamá".

10:45 am. Justo antes de que sea mi turno, la señorita nos informa que hay una posibilidad de que cancelen el vuelo y que no hará más check in hasta saber más. "¿Qué carajo has dicho?", pienso.

11:30 am. Con mi conocida cara de culo, observo a todos los demás pasajeros, con diferente destino, dirigirse a sus respectivas puertas para abordar su avión. Y justo antes de morderme el labio y hacerme la décima herida de cólera, la susodicha nos llama. Es mi turno. "Buon giorno", nos saludamos mutuamente. "Pasaporto, per favore", me dice. "Anmgsjaefga gsdgdg fdsd?" ¿Entendieron? Yo tampoco. Y la misma cara que pusieron al leer eso la puse cuando la susodicha volvió a dirigirse a mí. "Parla italiano?", pregunta. "No, I don't". Podría haber respondido en alemán, pero supuse que después usaría esas palabras complicadísimas que sólo los alemanes y un buen estudiante entienden. "You're italian but you don't speak italian?" "¡Sí, mierda! ¡Cállate y dame mi pasaporte!" Mi reacción externa es de cólera, impaciencia y disgusto; la interna, la más intensa, es de pura vergüenza. "The planes leaves at 14:00. Be at gate D23 sooner". "Ok", le digo sin agradecer. Subo al segundo piso, donde está el food court, y me percato de que la situación es la misma que la de abajo: un X acompañado de Y y de Z a veces.

13:00 pm. Camino hacia la puerta 23, pero antes me detengo en la pantalla que señala los vuelos y sus horas. "A ver... Vuelo AZ403, de Frankfurt a Roma, vía Alitalia, salida estimada a las 14:00, puerta 23... ¡Perfecto!" Llego a la puerta 23 y me siento a esperar la llamada del vuelo. Apenas unos minutos más tarde, llega una señora, también con destino a Roma, anunciando que se había demorado el vuelo y que ahora saldría a las 16:00. "¡Puta madre! Y a las 16:00 nos dirán que saldrá a las 18:00, y a las 18:00 nos dirán que el vuelo se ha cancelado hasta próximo aviso". Percibo una gota de lágrima, pero me contengo. Saco un libro (gracias, Dios mío, por concederme el gusto por la lectura) y me acomodo en el asiento que aplasta mis huesos. El tiempo vuela.

16:30 pm. Por fin, después de no sé cuántas horas, me encuentro sentada en el avión que me llevará a Roma. Me acomodo y saco mi libro. Nuevamente, el tiempo vuela.

19:00 pm. Estoy en Roma sin tiempo para nada. El vuelo sale a las 20:00, pero el boarding time es a las 19:35 pm. "Por favor, ¡que esta vez no se demoren!" No se demoran en "chequinarnos", pero vuelven a tardarse una eternidad en despegar.

Son las 21:20 de la noche y estoy, POR FIN, en el aeropuerto de Génova. Estoy tan cansada que apenas entiendo los mensajes en inglés. "Solo falta mi maleta y listo". Pero la maleta nunca llegó. Me dirijo a Lost and Found y de frente suelto palabras en inglés. "No, miss. We don't have any baggage coming from Frankfurt. It must be still in Rome". Me aguanto las lágrimas hasta después de firmar el papel para encontrar mi maleta. Me alejo de aquel italiano y me dirijo rápidamente al baño, en donde me desmorono. Una, dos, tres lágrimas. Pero no por la maleta, sino por el día de mierda.

Hoy es miércoles 27 de enero del 2010 y me encuentro en el balcón del departamento de los Cavagnaro en Via Malvaro, completamente sola, escribiendo esto y recordando la noche anterior, cuando Diana, Edo y yo nos despedimos de Carla para irnos a dormir. Luego, Diana y Edo se despiden de mí, dejándome sola en el pasillo. Al poco tiempo, alguien apaga las luces y me deja en una oscuridad total. Tanteando, busco el interruptor hasta encontrarlo. Me dirijo al número 14 y meto la llave. No entra. "Por favor, no..." Pero ni mil por favores harán que se abra la puerta. "¿Qué número es, entonces? ¿13? A ver... No. ¿Y 12? Tampoco. Es 14, estoy segura. Debo de haber puesto mal la llave. Mierda, ¡no entraaaa!" Antes de romper la llave, me establezco dos opciones: 1) probar la llave puerta por puerta (en total, 30 putas puertas) o 2) tocar el timbre de Diana y preguntar por el número. Elijo la segunda opción. Muerta de vergüenza, le comunico a Diana que estoy perdida. "Por tercera vez: Carla es el número 7, yo el 17 y tú el 11". Le agradezco y le doy la espalda. Antes de cerrar mi puerta, escucho lo último de la noche: "Y así piensa irse sola a París y Londres. No sé cómo va a hacer".

Yo tampoco, Dianita.

Recen desde ahora.

Porto Vecchio, Génova. Enero 2010.

Y el video correspondiente:

Crónica de una desubicada en Europa - Alemania


Hola, hola.

Se me ocurrió la idea de escribir este mail con varias continuaciones para contarles cómo me está yendo.

Empecemos con el día en que empezó todo: un 20 de enero del 2010. Para mí, era un día común y corriente. Me desperté como si nada interesante ni importante fuera a pasar durante todo el día. No entendía las llamadas de "que tengas un buen viaje" o "pórtate bien, carajo". Pensaba que el mundo se había vuelto loco y que yo era la única cuerda. A las 4:30 de la tarde llegó un taxi a mi casa. Yo seguía sin entender. "¿Para quién es el taxi? ¿Quién se va? ¿A dónde? ¿Por cuánto tiempo?". Todas estas incógnitas fueron respondidas en el momento en que una misia y delgada lágrima resbalaba por mi mejilla al momento de abrazar a mi madre y crecía en cantidad y grosor al pasar a mi Mamina, papá y hermanas. "El taxi era para mí. Yo me voy a Europa por un mes".

Me encontraba en la fila de inmigración, aún con los ojos llorosos. "Un mes sola. Soy el ave que voló de su nido" (sí, Andrea, Arianna y grupo: así de cursi y sensible estaba).

Sentada ya en el asiento del avión que me llevaría de Lima a Madrid, no podía dejar de mirar fijamente a la ventana y gritar internamente "mamá". Pero ni mamá ni ninguno de mis peruanos iría a mi rescate. Así que, por fin, la realidad me tocó: Chau, peruanos. Hola, europeos. Chau, calor. Hola, frío. Chau, dependencia. Hola, independencia.

Después de unas eternas 16 horas, me encontraba en la congelante Alemania. Una Alemania bañada en nieve que parece espuma, con pobladores vestidos como si estuvieran en el Polo Norte. La mayoría carga una seria mirada, pero cuando una palabra sale de tu boca, una sonrisa se dibuja en su rostro. Ayer, jueves en la noche, tuve mi segundo contacto con un alemán, cuando este tocó el timbre de la casa con la caja de pizza en las manos. "Hola", le digo sonriendo. "Hallo", me responde con la misma sonrisa.

No sé cómo ni por qué, pero ya me siento en casa. Miento. No exactamente en casa; creo que la palabra más adecuada sería "cómoda". Solo me invade el alienalismo al momento de entablar una conversación. Y mi alienalismo se llama "espinale", una mezcla de español con inglés y alemán.

En fin, esta aventura recién comienza. Así que, de seguro, estaré llenando sus bandejas de entrada por los siguientes 28 días (o espero).

Hasta la próxima, amiguitos y amiguitas.

Feldberg, Alemania. Enero 2010

NOTA: Hoy es domingo 24 de abril del 2011 y recién se me ocurrió acompañar este post con el video que grabé. Sí, ya sé que ha pasado más de un año, pero más vale tarde que nunca, ¿no?