lunes, 22 de octubre de 2012

Sola

Hay mujeres que se ilusionan con cualquier cosa o con sonseras.

El otro ente les pregunta qué tal estuvo su día y ellas se mojan, les dice “hola” y piensan que quiere sexo desenfrenado, les pregunta qué nombres le gustan e imaginan que lo hace para saber cómo se llamarán sus futuros (e imaginarios) hijos.

Sin embargo, estas individuas caen dentro de un tipo de personas que cada día sobreviven en este mundo inmundo: se ilusionan rápido, pero se enamoran lento.

Por este motivo, se demoran en encontrar pareja (a veces hasta llegan a estar solas por años). Hasta que, un día, aparece un príncipe azul montando un hermoso caballo blanco y despertando sus hormonas revueltas.

Las mariposas comienzan de nuevo a alterar el estómago y el cuerpo comienza a temblar como si fueran a tener un ataque epiléptico.

Se ven, se hablan, se abrazan, se sonríen, se tocan, se besan, pero hay un problema: él ya está en las nubes, pero ellas se han quedado con los pies bien puestos sobre la tierra.

Y la noche termina de la peor manera: él regresa a su casa con el ego destrozado y ellas… Bueno, ellas regresan a las suyas solas, como siempre lo han estado.

miércoles, 17 de octubre de 2012

25 años

Son Arnold y Helga. Son Noah y Alie. Son Homero y Marge. Son Mickey y Minnie. Son Bugs y Lola. Son Pongo y Perdita. Son mis papás.

Mamá nos pica la comida, pero papá nos invita de su plato. Papá baila, pero mamá canta. Mamá prepara el almuerzo, pero papá prepara la cena. Papá defiende, pero mamá le hace saber cuándo se está excediendo. Papá ronca, pero mamá lo calla. Mamá usa las palabras, pero papá usa los hechos. Papá le dice “Jacinta”, pero mamá le dice sólo “Jacin”. Mamá escucha latin pop, pero papá escucha los últimos hits del año (ahora anda pegado con el baile del caballo). Papá maneja, pero mamá lo dirige. Mamá tiene los cachetes suaves como poto de bebé, pero papá tiene las manos calientes como…mejor no digo qué.

El primero no funciona sin el segundo y el segundo no funciona sin el primero. Y nosotras tampoco funcionaríamos sin ellos.

Felices 25 años y que vengan 25 más.

Los quiero.











lunes, 15 de octubre de 2012

Broche de oro

Hace 5 años que salí del colegio. 5 años desde que vi a muchas de mi promoción en un mismo sitio y 5 años desde que dejamos el uniforme y nos preparamos para el futuro para ahora vivir el futuro.

El 13 de octubre del 2012, llegué al colegio esperando lo peor: las más chibolas mirando a sus mayores con mala cara, las intermedias observando cada detalle de sus víctimas (quién engordó, quién dejó de ser el patito feo para convertirse en cisne, quién triunfó en este lapso y quién no ha cambiado ni un carajo) y las mayores recordando sus travesuras escolares y comparándose entre promociones.

Felizmente, la realidad estuvo bastante distante. Con lo que me encontré en aquel lugar que me acogió por 11 años fueron caras desconocidas de todas las edades –felices de reencontrarse con sus amistades–, señoras tomadas de la mano porque caminar solas les costaba trabajo, embarazadas e interesadas en que se cogían la panza, figuras que se paseaban de mesa en mesa para saludar y otras que se quedaban en un solo sitio con ganas de irse ya.

El ambiente, dejando de lado la decoración, era excelente. Y como ya lo temía, el bichito de la nostalgia y melancolía (ese maldito lisiado) llegó para quedarse conmigo por el resto del día (¿cuándo será el día en que las vuelva a ver? ¿Cómo me veré cuando cumpla 25 años desde que salí del colegio? ¿Cuántas llegarán a las bodas de oro?).

Luego de los sorteos, del desfile de las exalumnas que ese día cumplían bodas de plata y bodas de oro, de la canción entonada por todas las presentes, del almuerzo con toques alemanes, del bailetón de las ursulinas (con invasión de mi promoción en el escenario) y de haber ido tres veces al baño, el síndrome de la vejiga flácida había comenzado.

Salimos del colegio en mancha y en menos de media hora estábamos casi todas en la casa de Crica. Tenía dos horas para recordar y cagarme de risa, porque a las 9:30 tenía una cita. Luego de un vaso de Coca Cola y otro de Sprite (juro que sólo fueron dos vasos), mi vejiga estaba completamente fuera de control, haciéndome ir al baño unas cinco veces en menos de una hora.

Llegadas las nueve, me preparé para salir, no sin antes ir al baño por última vez (“por si las huevas”, pensé). El plan era salir de San Isidro, pasar por San Borja para dejar a Ximena en su casa y luego ir a Miraflores. Pero a mitad de camino supe que algo iba a salir mal.

- Creo que quiero ir al baño de nuevo.
- ¿No fuiste al baño antes de salir, Cavag?
- ¡Sí fui! Pero ya conoces mi vejiga… No sé qué le pasa. Sólo tomé dos vasos en la casa de Crica y fui varias veces al baño. Y justo fui antes de salir.
- Ve a que te revisen. En serio te lo digo.
- De eso me encargo después. Chavez, ahora estoy segura: NECESITO ir al baño. No la hago hasta Miraflores ni cagando. Te dejo y voy al baño en tu casa, ¿ya?
- Ya, no te preocupes. Con tal de que aguantes...
- Puta madre, ¡no aguanto! ¡CARAJOOO, ME VOY A ORINAR ENCIMA! Chavez, ni siquiera la hago a tu casa. ¡Tengo que parar en la mía yaaa!
- ¡Aguantaaa!

Lo que vino a continuación pasó en cuestión de segundos. Recuerdo haber manejado rápidamente (con el temor de chocar con algo o alguien), estacionado afuera de mi casa de la peor manera, salir de mi carro con la vejiga a punto de explotar, abrir la puerta, correr por el garaje y pisado los primeros escalones cuando todo había acabado: a mis 22 años, acababa de orinarme encima por segunda vez en mi adulta vida, como para cerrar la noche con broche de oro.


Medio salón en casa de Crica

En el colegio, luego del almuerzo

Con Ximena, mejores amigas desde 5° primaria

Con la Frau Brigitte, directora del colegio

Así estuve: tan cerca y tan lejos

sábado, 6 de octubre de 2012

Recuerdos

- Pateé a la Mamina en el pecho por malcriada cuando tenía 5 años.
- Le dije a mi mamá “vete a la mierda” porque no quería hacerle un favor.
- Por primera vez en mi vida, lloré de felicidad viendo Cartas a Julieta con Diego.
- Vi a la Mamina y al Paparmando de espaldas, tomados de la mano y yendo a Misa.
- Mi papá me dijo “estoy harta de ti” debido a que, cuando era pequeña, lo despertaba porque   tenía pesadillas todas las semanas.
- Dejé a Arianna, mi hermana menor, sola con el heladero cuando tenía máximo 4 años porque
  entré a recoger la plata. Hasta ahora pienso qué hubiera pasado si salía y no la encontraba.
- Rompí a llorar viendo dibujos animados tras haber terminado con Daniel y, acto seguido,
  Arianna me trajo papel higiénico y me abrazó, sin decir nada.
- Hice llorar a mamá con el post que le hice por el Día de la Madre.
- Sonic llegó en una caja de pollo a la brasa.
- Me hicieron una reunión sorpresa por mi cumpleaños número 21.
- Me regalaron un libro de Ricardo Liniers.
- Me gané una tablet en la Tuitertón. Primera y única cosa que he ganado en mi vida.
- Él me susurró al oído “eres mi paz”.


Pequeños momentos que los recuerdas toda una vida.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Sueños


Me pareció curioso apuntar mis sueños de cada día y luego ver cómo iban cambiando: de más a menos pastrulo, de menos a más cursi, de más a menos complejo, de menos a más irreal. Y toda viceversa.

Aquí el resultado.

20/08. Ni mierda. O no recuerdo nada. Buen inicio de semana, ah.

21/08. No estoy en Lima, no estoy en Perú, no estoy en Latinoamérica. Creo que estoy en Europa, en la ciudad de un país llena de bosques. Estoy paseando y escuchando música. Mientras veo todo verde, canto y acaricio a los animales que se me acercan (ya parezco la jodida Blancanieves). Y, de pronto, cae –literalmente– una bola de fuego del cielo azul. Todo comienza a arder rápidamente. Los animales buscan refugio y las personas a mi alrededor buscan mangueras para acabar con el fuego antes de que este acabe con nosotros. Pocos minutos después, lo logramos. Todos se abrazan y lloran de felicidad. Veo a un señor que había encerrado a varias palomas durante el incendio para que no les pasara nada, pero estas han muerto asfixiadas. Él las mira indignado, se aleja y se va. Un grupo de extranjeros se asoma a lo lejos. Todos jóvenes, todos bellos. Una pelirroja que los acompaña me mira y sonríe. Los demás extranjeros esquivan a las palomas, pero ella no: ella se percata de su existencia y no se inmuta cuando pisa a una de ellas al querer avanzar. Le grito “¡ESTÚPIDA!” mientras, poco a poco, todo vuelve a la normalidad.

22/08. Me levanto de mi cama y ya no recuerdo nada. ¿Así va a ser esta mierda? ¿Intercalada (y rimada)?

23/08. Estoy en mi casa con mis flacas de colegio, cagándonos de risa, cuando suena el timbre. Como la persona que contesta tiene acento inglés, no me importa quién rayos es y le abro la puerta al instante. Veo a cuatro chicos medio churros, medio cabros. Son los integrantes de One Direction, quienes ven a mis flacas, se enamoran instantáneamente y a mí me dejan foreveralone. Uno de ellos se da cuenta y me dice que lo mejor está por llegar: “No te preocupes. Hemos traído a alguien especialmente para ti”. Se me paran los pezones de la emoción, imaginándome a alguien similar a Ryan Gosling. Lo que veo, en realidad, es un tío de cuarenta y tantos años, bastante subido de peso, nada agraciado y con la cara cubierta de granos. El amor es ciego, pero no tanto.

25/08. Soñé con el Nono, mi abuelo paterno. Pero no recuerdo dónde estábamos, qué decíamos o qué hacíamos. Sólo recuerdo que nos mirábamos y eso me parecía suficiente.

03/09. Después de varios días, sueño. O recuerdo lo que sueño. Y de lo que me acuerdo es que tenía vellos en el vientre. Debajo del ombligo, negros, gruesos y suaves. Y no sé cómo, pero eran mi mayor atractivo.

05/09. Como ayer me quedé leyendo hasta tarde sobre asesinos (mi mayor morbo), hoy sueño con ellos. Sueño que todos asistían al baby shower de Mary Bell, quien, a sus 11 años, se convirtió en una famosa infanticida. Todos alegres y con sus familias presentes, llevándose y pasándola bien, pero con una sombra a su alrededor que les recordaba su pasado.

26/09. Oficialmente, mi experimento se fue al carajo. Casi tres semanas después y no recuerdo ni siquiera que se hayan formado imágenes o diálogos en mis nubecitas soñadoras.

Curiosos los sueños, ¿no? Los irreales o pastrulos los recuerdas a la perfección, mientras que, para los reales y sentimentales, tienes que romperte el cráneo tratando de recordar quiénes estaban ahí, qué hacían, qué se dijeron y qué pasó. Bastardos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

''Tenemos que hablar''


Desde agosto del 2010, Twitter ha sido una especie de catarsis para mí, aparte de mi blog.

Sí, tengo amigos para llamar (creo), pero me resulta más cómodo coger mi celular o laptop, abrir Tweetdeck, desfogarme con una frase, cerrar la aplicación y olvidarme del tema.
Eso fue lo que hice el martes de la semana pasada.

Tenía que ir al Centro de Atención al Alumno de la universidad y lo que vi apenas entré me estropeó el ánimo en segundos (tengo el defecto de molestarme en menos de lo que dura una eyaculación precoz): ocho ventanillas y sólo tres personas atendiendo. Por supuesto, lo primero que se me ocurrió hacer fue descargar mi ira por Twitter, cometiendo el error de decir el nombre de la universidad (lo bueno de ser impulsiva es que, al momento de hacerlo, te sientes jodidamente bien. Lo malo es que después puedes arrepentirte).

Llegué a mi casa a las 9 pm y mi mamá, preocupada, me comunicó que había llamado un representante de la universidad preguntando por mí. “Es por el tuit”, pensé automáticamente. Y la paranoia me invadió.

¿Me sancionarán? ¿Me expulsarán? ¿Harán público mi caso? ¿Podré denunciarlos por violar mi libertad de expresión? ¿Mi papá me desheredará? ¿Mi mamá me botará de la casa?

“Tranquila. No creo que sea por eso. Si fuera el caso, te llamarían de parte del rector o un jefe superior. ¿No has hecho otra cosa? Fácil es por tus notas o algún trámite pendiente”, me dijo Juan Eduardo.

Automáticamente, pensé en todas las barbaridades que he cometido a lo largo de mi vida universitaria, y me di cuenta de lo común que es esta reacción.

Cuando alguien te dice “tenemos que hablar”, pocas veces piensas en que es una buena noticia. En lugar de ello, te rompes el cerebro tratando de descifrar qué es aquello que tienen que decirte, a pesar de estar 99.9% segura de que no has hecho nada malo. Repasas mentalmente todas tus acciones pasadas, tus intenciones, las reacciones de la gente y preparas tu floro barato, tu cara de sufrida o arrepentida y tu autoestima.

Al final, si es que tienes suerte, la noticia es mejor de la que creías. Ya puedes respirar tranquila.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Mucho gusto

Llevábamos poco tiempo juntos. Creo que ni siquiera llegábamos al mes.

Era un día de verano y estábamos solos en su casa. Después de ver una película en el sofá, decidimos hacer una pequeña siesta (sí, siesta).

No mucho rato después, yo desperté. Él ya se había levantado y había salido del cuarto, pero me había dejado un delicioso beso de moza.

Lo comí en dos segundos y me dirigí a la cocina, en donde pensé que él estaría. De puntitas, abrí la puerta exclamando, con mucha emoción, “fue la mejor siesta de la vida”.

Pero él no era quien estaba en la cocina. Quien estaba ahí giró y me saludó de manera extraña, como si yo tuviera un moco pegado en la cara.

Preocupada, volteé hacia la izquierda y vi mi reflejo en la ventana. No era un moco lo que tenía en la cara: era crema blanca.

Entendí su reacción y pensé: “Esta no es la mejor manera de conocer a tu suegra”.