domingo, 23 de diciembre de 2012

Un día más

Unos patitas llamados “mayas” lo predijeron: el fin del mundo llegaría, supuestamente, el 21 de diciembre del 2012.

Todos lo esperaban –de alguna forma–, otros lo temían y algunos lo anhelaban.

Caía viernes, pero desde el lunes de la misma semana se veían y/o leían las reacciones de la gente: padres/abuelos que colapsaban de miedo y hasta preparaban su mochila “por si las huevas”, jóvenes que vivían cada día como si realmente fueran los últimos días de sus vidas, niños que nada entendían, colegios que cancelaban clases, bloguer@s que escribían posts dedicados al fin del mundo (qué vergüenza), hueveros que se lo tomaron en serio e hicieron esto:






El 21 de diciembre vi que la gente se comportaba como si fuera el fin del mundo cuando, en realidad, sólo fue un día más.

martes, 18 de diciembre de 2012

Desagradable sorpresa


Siguiendo el estilo de Ross Geller (mi amigo favorito), me gusta estar enamorada y sentirme comprometida con alguien.

Cuando tengo enamorado, me gusta –prepárense porque se viene lo cursi– tomarle de la mano y sentir su piel caliente y suavecita (a menos que la tenga como lija), estar con él por mucho tiempo y seguir sintiendo huevaditas en el estómago, imaginarme la vida con él, regalarle mamarrachos hechos por mí, reírme de y con él y encontrar nuevas formas de sorprenderlo.

Aquel día me dieron ganas de hacerle eso a mi ex flaco.

Quedamos en vernos en el parque Kennedy de Miraflores, en donde le haría probar mi adorado té burbuja con posterior ida al cine.

Al llegar, en lugar de llamarlo o de mandarle un mensaje de texto avisándole dónde estaba, se me dio por combatir mi ceguera colectiva (cuando hay mucha gente en un solo lugar, todas las personas me parecen las mismas y no suelo reconocer a nadie) y saludarlo desde atrás.

Minutos después de rastrear el lugar con la mirada, había encontrado al señorito ubicado.

Cuidadosa y sigilosamente, caminé despacio hacia mi presa para que no se diera cuenta. Y cuando llegué a la banca y exclamé muy emocionadamente “¡hola, mi amor!” me topé con una desagradable sorpresa.

Aquel muchacho no era mi enamorado.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Carta al futuro


(Supongamos que, en un futuro muy lejano, alguien o algo encuentra esto escrito en el 2012 y en lápiz y papel)

Hola.

No sé quién eres y, probablemente, tú tampoco sepas quién soy, pero aquí te lo comento para que te ubiques un poquito.

Me llamo Alessandra, tengo 22 años y escribí esto el 06 de diciembre del 2012 (es decir, 15 días antes del supuesto “fin del mundo”) con el propósito de que, si alguien llegó a salvarse o volvió a existir vida milagrosamente, leas esto y recuerdes o sepas cómo fue el último año de nuestras vidas (sin nombrar casos de política o economía, campos que nunca me interesaron).  

- El año empezó con un sismo de 7 grados en Japón, pero sin víctimas ni alerta de tsunami felizmente.
- Se celebraron los Juegos Olímpicos en Londres, en donde un nadador chino hizo historia al tirarse a la piscina antes de que suene la alarma y luego ganar la carrera. Además, el jamaiquino Usain  Bolt venció en los 100 metros, su segundo título olímpico en esa distancia, con una marca de 9.63 s, la segunda mejor de la historia y récord olímpico.
- Dos virus conocidos como Los Wachiturros y Las Culisueltas invadieron gran parte de América Latina, especialmente a los jóvenes. Todos tuvieron que ser exorcizados.
- Se estrenó, por fin, la última película de la patética saga Twilight.
- En Colorado-EE.UU., durante el estreno de la película The Dark Knight Rises, se produjo un tiroteo llevado a cabo por un pistolero solitario, el cual dejó 12 muertos y 59 heridos. Posteriormente, no se incrementó (más) seguridad en los cines y ni se revisaron a las personas que acudieran a este establecimiento. Viva la inteligencia humana.
- La avaricia y brutalidad del hombre no cesó y logró que varios animales sean declarados oficialmente en peligro de extinción, como el tigre, el leopardo de las nieves, la tortuga Baula, entre otros.
- Un montón de chibolas ridículas se raparon la cabeza en honor a su ridículo ícono Justin Bieber porque este, según las noticias, padecía de cáncer. Esto resultó ser mentira.
- Samsung se coronó como el troll del año al pagarle a Apple la suma de mil millones de dólares con monedas de 5 centavos cuando perdió el juicio contra dicha marca.
- La herramienta de gileo de muchos -en ese entonces- adolescentes desapareció, pues, en la segunda mitad del año, se anunció el cierre de MSN Messenger. Minutos de silencio, por favor.
- Curiosity, una misión espacial de exploración marciana dirigida por la NASA, aterrizó en Marte exitosamente, enviando sus primeras imágenes a la Tierra.
- El extraño fenómeno del KPop llegó al Perú, logrando su máxima expresión al observar a jovencillas acampando afuera del Jockey Club (con el propósito del concierto del grupo Big Bang) no uno ni dos, sino siete días antes del concierto.
- Las puteadas y desahuevadas de Natalia Málaga funcionaron, porque Perú clasificó al Mundial de Vóley 2013 y ganó el Sudamericano de Voleibol de Menores. 
- Un coreano conocido como PSY se convirtió en una sensación a nivel mundial gracias a la famosa  página de videos YouPorn (perdón, Youtube), en donde este personaje salía entre haciendo el ridículo, siendo él realmente y haciendo el “paso del caballo”.
- Un paracaidista austríaco saltó desde un globo hacia la estratófera desde una altura de 38 kilómetros sobre la tierra, en un intento por romper la barrera de sonido.
- A mediados de diciembre, un joven de 20 años llamado Adam Lanza entró a un colegio en Connecticut-EE.UU. portando 4 tipos de armas y asesinó a 20 niños (de las edades entre 5 y 10 años) y a 6 docentes. Días después del tiroteo, Gringolandia no pronunció ninguna nueva ley sobre la venta y uso de armas en el país.

Y así, sin más acontecimientos por nombrar, debo dejarte, desconocido lector, pues pondré a cabo el lema del 2012:

A huevear y a cachar, que el mundo se va a acabar.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El amor


Se conocieron de la manera no convencional, pero no diré cuál.

Ella estudiaba comunicaciones; él estudiaba administración. Ella quería encontrar a alguien. Él necesitaba encontrar a alguien. Ella estaba confundida y atrapada en una coraza, pero él estaba determinado a atacarla.

Comenzaron a hablar seguido hasta conocerse. Luego comenzaron a verse para comprenderse.

Iban a comer juntos, a conocer nuevos puntos limeños (y los antiguos también) y a besarse por ahí.

Poco a poco fue ocurriendo lo inevitable: cada uno pensaba más en el otro, se imaginaban la vida con él/ella, ponían sus prioridades antes que las propias, sentían huevaditas en el estómago, se extrañaban si no se tenían cerca y anhelaban el día en que se volvieran a ver.

Y lo obvio no se hizo esperar, porque la maldita incógnita “¿qué somos?” los comenzó a atacar.

Sin embargo, pasado un buen tiempo, se dieron cuenta de que no tenían que decirlo, porque todo había caído solo en su lugar.

Supongo que así es el amor.

lunes, 22 de octubre de 2012

Sola

Hay mujeres que se ilusionan con cualquier cosa o con sonseras.

El otro ente les pregunta qué tal estuvo su día y ellas se mojan, les dice “hola” y piensan que quiere sexo desenfrenado, les pregunta qué nombres le gustan e imaginan que lo hace para saber cómo se llamarán sus futuros (e imaginarios) hijos.

Sin embargo, estas individuas caen dentro de un tipo de personas que cada día sobreviven en este mundo inmundo: se ilusionan rápido, pero se enamoran lento.

Por este motivo, se demoran en encontrar pareja (a veces hasta llegan a estar solas por años). Hasta que, un día, aparece un príncipe azul montando un hermoso caballo blanco y despertando sus hormonas revueltas.

Las mariposas comienzan de nuevo a alterar el estómago y el cuerpo comienza a temblar como si fueran a tener un ataque epiléptico.

Se ven, se hablan, se abrazan, se sonríen, se tocan, se besan, pero hay un problema: él ya está en las nubes, pero ellas se han quedado con los pies bien puestos sobre la tierra.

Y la noche termina de la peor manera: él regresa a su casa con el ego destrozado y ellas… Bueno, ellas regresan a las suyas solas, como siempre lo han estado.

miércoles, 17 de octubre de 2012

25 años

Son Arnold y Helga. Son Noah y Alie. Son Homero y Marge. Son Mickey y Minnie. Son Bugs y Lola. Son Pongo y Perdita. Son mis papás.

Mamá nos pica la comida, pero papá nos invita de su plato. Papá baila, pero mamá canta. Mamá prepara el almuerzo, pero papá prepara la cena. Papá defiende, pero mamá le hace saber cuándo se está excediendo. Papá ronca, pero mamá lo calla. Mamá usa las palabras, pero papá usa los hechos. Papá le dice “Jacinta”, pero mamá le dice sólo “Jacin”. Mamá escucha latin pop, pero papá escucha los últimos hits del año (ahora anda pegado con el baile del caballo). Papá maneja, pero mamá lo dirige. Mamá tiene los cachetes suaves como poto de bebé, pero papá tiene las manos calientes como…mejor no digo qué.

El primero no funciona sin el segundo y el segundo no funciona sin el primero. Y nosotras tampoco funcionaríamos sin ellos.

Felices 25 años y que vengan 25 más.

Los quiero.











lunes, 15 de octubre de 2012

Broche de oro

Hace 5 años que salí del colegio. 5 años desde que vi a muchas de mi promoción en un mismo sitio y 5 años desde que dejamos el uniforme y nos preparamos para el futuro para ahora vivir el futuro.

El 13 de octubre del 2012, llegué al colegio esperando lo peor: las más chibolas mirando a sus mayores con mala cara, las intermedias observando cada detalle de sus víctimas (quién engordó, quién dejó de ser el patito feo para convertirse en cisne, quién triunfó en este lapso y quién no ha cambiado ni un carajo) y las mayores recordando sus travesuras escolares y comparándose entre promociones.

Felizmente, la realidad estuvo bastante distante. Con lo que me encontré en aquel lugar que me acogió por 11 años fueron caras desconocidas de todas las edades –felices de reencontrarse con sus amistades–, señoras tomadas de la mano porque caminar solas les costaba trabajo, embarazadas e interesadas en que se cogían la panza, figuras que se paseaban de mesa en mesa para saludar y otras que se quedaban en un solo sitio con ganas de irse ya.

El ambiente, dejando de lado la decoración, era excelente. Y como ya lo temía, el bichito de la nostalgia y melancolía (ese maldito lisiado) llegó para quedarse conmigo por el resto del día (¿cuándo será el día en que las vuelva a ver? ¿Cómo me veré cuando cumpla 25 años desde que salí del colegio? ¿Cuántas llegarán a las bodas de oro?).

Luego de los sorteos, del desfile de las exalumnas que ese día cumplían bodas de plata y bodas de oro, de la canción entonada por todas las presentes, del almuerzo con toques alemanes, del bailetón de las ursulinas (con invasión de mi promoción en el escenario) y de haber ido tres veces al baño, el síndrome de la vejiga flácida había comenzado.

Salimos del colegio en mancha y en menos de media hora estábamos casi todas en la casa de Crica. Tenía dos horas para recordar y cagarme de risa, porque a las 9:30 tenía una cita. Luego de un vaso de Coca Cola y otro de Sprite (juro que sólo fueron dos vasos), mi vejiga estaba completamente fuera de control, haciéndome ir al baño unas cinco veces en menos de una hora.

Llegadas las nueve, me preparé para salir, no sin antes ir al baño por última vez (“por si las huevas”, pensé). El plan era salir de San Isidro, pasar por San Borja para dejar a Ximena en su casa y luego ir a Miraflores. Pero a mitad de camino supe que algo iba a salir mal.

- Creo que quiero ir al baño de nuevo.
- ¿No fuiste al baño antes de salir, Cavag?
- ¡Sí fui! Pero ya conoces mi vejiga… No sé qué le pasa. Sólo tomé dos vasos en la casa de Crica y fui varias veces al baño. Y justo fui antes de salir.
- Ve a que te revisen. En serio te lo digo.
- De eso me encargo después. Chavez, ahora estoy segura: NECESITO ir al baño. No la hago hasta Miraflores ni cagando. Te dejo y voy al baño en tu casa, ¿ya?
- Ya, no te preocupes. Con tal de que aguantes...
- Puta madre, ¡no aguanto! ¡CARAJOOO, ME VOY A ORINAR ENCIMA! Chavez, ni siquiera la hago a tu casa. ¡Tengo que parar en la mía yaaa!
- ¡Aguantaaa!

Lo que vino a continuación pasó en cuestión de segundos. Recuerdo haber manejado rápidamente (con el temor de chocar con algo o alguien), estacionado afuera de mi casa de la peor manera, salir de mi carro con la vejiga a punto de explotar, abrir la puerta, correr por el garaje y pisado los primeros escalones cuando todo había acabado: a mis 22 años, acababa de orinarme encima por segunda vez en mi adulta vida, como para cerrar la noche con broche de oro.


Medio salón en casa de Crica

En el colegio, luego del almuerzo

Con Ximena, mejores amigas desde 5° primaria

Con la Frau Brigitte, directora del colegio

Así estuve: tan cerca y tan lejos