martes, 19 de febrero de 2013

Costumbres


Ya sea consciente o inconscientemente, hay ciertas cosas que hacemos porque forman parte de una especie de rutina.

Como poner el despertador a una hora determinada, apagarlo cuando suena, despertarte media hora después y putearte porque llegarás tarde. O echarle el ojo a la “fruta prohibida”: a tu amor platónico, al ex de tu amiga, a la hermana o mamá de tu pata, a tu profesora. O drogarte con la gasolina cuando estás en el grifo, con el Liquid Paper cuando la cagaste en el papel y con el pasillo de barniz y cera de Metro.

No olvidar mirarte en el espejo o pensar que tienes un moco pegado en la cara cuando notas que alguien no deja de mirarte, escuchar canciones corta-venas cuando más deprimido(a) estás, quitarte los pellejos del labio y, acto seguido, tomar jugo de naranja, empujar cuando dice “jale”, preguntar “¿qué?” cuando has escuchado perfectamente bien, llegar a la cocina y olvidar lo que ibas a hacer (pero lo solucionas porque comes lo primero que encuentras), decir mil y una vez “el lunes empiezo dieta”, “este ciclo voy a estudiar a conciencia” y el infaltable “hoy sí duermo temprano”.

Cantar o ver porno como si nadie estuviera en casa (y alguien está en el cuarto del costado), que tu estómago ruja del hambre desde las 11 de la mañana, regresar con quien te hace mierda, preguntarte qué será con tu vida cuando terminas de leer un libro, cabecear en clase porque ayer te quedaste despierto(a) hasta tarde viendo películas estudiando, sacar pica cuando lograste lo que querías y picarte cuando no lo hiciste, entrar y salir caletaza del telo por pensar que, mágicamente, pasará un conocido por ahí justo en ese momento, decir que nada pasa cuando pasa todo, ponerte exquisito(a) cuando alguien quiere entrar en tu vida y luego quejarte de que estás más solo(a) que la primera rebanada del pan de molde, que sueltes un eructo o te tires un pedo cuando todos los demás están en silencio, presionar infinitas veces el botón del ascensor como si este fuera a llegar más rápido, querer algo o a alguien cuando ya no lo puedes tener, poner los ojitos del Gato con Botas para conseguir de los demás lo que quieres, valorar lo que tuviste cuando ya se ha ido de tu lado, acomodarte el calzón o los huevos en la calle, decir que llegas en 5 minutos cuando ni siquiera te has bañado o bailar como si nadie te estuviera mirando.

Que se pierda la virginidad, las llaves o el celular, pero que nunca, nunca se pierdan estas hermosas costumbres.

domingo, 27 de enero de 2013

Que viva esta frágil vida


Si retrocedemos el tiempo y nos detenemos a cuando éramos solo unos niños, nos daremos cuenta de que nuestros padres, abuelos o quien(es) hayan estado a nuestro cargo eran como nuestros sensei.

Nos enseñaron a gatear, a caminar y a pasar de “caca, pichi, poto” a hablar con propiedad. Nos enseñaron a levantarnos después de caernos, a usar el wáter, a enjuagarnos las manos antes de comer, a lavarnos los dientes después de tragar, a respetar siempre a nuestros mayores, a usar sin malograr los aparatos tecnológicos de ese entonces, a no hablar con extraños, a mirar por ambos lados antes de cruzar la pista, a agradecer por lo que nos han dado y seguirán dando.

Pero creces y, conforme van pasando los años, los papeles se van invirtiendo.

Aquella persona que te daba tanto amor ahora no te conoce o se encuentra incapaz de dártelo. Ahora tú tienes que mencionarle quién eres y a ayudarle a pararse porque el cuerpo y los años le pesan. Le recuerdas que es importante que se lave los dientes, enjuague las manos y mire hacia ambos lados antes de cruzar la pista. L@ acompañas a sus citas médicas porque él/ella ya no puede ir sol@. Le enseñas cómo manejar la tecnología del momento y quién o quiénes son los grupos de moda. 

Y como quien no quiere la cosa, o sin que te des cuenta, l@ ayudas a que se vaya a dormir mejor.

Que viva esta frágil vida.

martes, 8 de enero de 2013

Mamina y Paparmando

 
Se conocieron cuando ella tenía 14 y él 20 años, pero no estuvieron juntos hasta que ella tenía 18 y él 24. Él ya había tenido varias parejas, pero sabía que la quería a ella. Ella no había tenido ninguna pareja, pero sabía que él era su vida entera.

A lo largo de mis 22 años, he visto a la Mamina y al Paparmando en diferentes escenarios: al segundo regalándole un peluche a su amada por el Día de los enamorados, a la primera llevándole a su gran amor el desayuno a la cama, al segundo hablando maravillas de la primera y a la primera contemplando al segundo.
Pero hay un escenario que aún recuerdo a la perfección hasta el día de hoy.

Yo parada en la esquina, viéndolos a ellos. Ellos caminando de espaldas hacia mí. La Mamina a la izquierda y el Paparmando a la derecha. Ella con su falda de flores y su polo amarillo y él con su pantalón crema y su camisa celeste. Están tomados de la mano y dirigiéndose a la iglesia. Y antes de llegar a la puerta, palomas blancas vuelan cerca a ellos.

Si no me equivoco, esa fue la primera vez que vi el amor.

Casi 60 años y 6 hijos después, la Mamina y el Paparmando siguen juntos, pero muchas cosas han cambiado.

Viven en la misma casa, pero la Mamina duerme sola porque el Paparmando casi no sale de su –ahora– cuarto ni se levanta de su cama debido a una operación en la rodilla y a su edad avanzada.

Ya no escucho palabras bonitas ni presencio acciones tiernas. Ahora escucho quejas y exigencias.

Sé que 60 años es una eternidad juntos, pero también sé que, en algún momento de sus vidas (y por muchos años) fueron felices. Creo que ese es el recuerdo con el que decido quedarme yo.



domingo, 23 de diciembre de 2012

Un día más

Unos patitas llamados “mayas” lo predijeron: el fin del mundo llegaría, supuestamente, el 21 de diciembre del 2012.

Todos lo esperaban –de alguna forma–, otros lo temían y algunos lo anhelaban.

Caía viernes, pero desde el lunes de la misma semana se veían y/o leían las reacciones de la gente: padres/abuelos que colapsaban de miedo y hasta preparaban su mochila “por si las huevas”, jóvenes que vivían cada día como si realmente fueran los últimos días de sus vidas, niños que nada entendían, colegios que cancelaban clases, bloguer@s que escribían posts dedicados al fin del mundo (qué vergüenza), hueveros que se lo tomaron en serio e hicieron esto:






El 21 de diciembre vi que la gente se comportaba como si fuera el fin del mundo cuando, en realidad, sólo fue un día más.

martes, 18 de diciembre de 2012

Desagradable sorpresa


Siguiendo el estilo de Ross Geller (mi amigo favorito), me gusta estar enamorada y sentirme comprometida con alguien.

Cuando tengo enamorado, me gusta –prepárense porque se viene lo cursi– tomarle de la mano y sentir su piel caliente y suavecita (a menos que la tenga como lija), estar con él por mucho tiempo y seguir sintiendo huevaditas en el estómago, imaginarme la vida con él, regalarle mamarrachos hechos por mí, reírme de y con él y encontrar nuevas formas de sorprenderlo.

Aquel día me dieron ganas de hacerle eso a mi ex flaco.

Quedamos en vernos en el parque Kennedy de Miraflores, en donde le haría probar mi adorado té burbuja con posterior ida al cine.

Al llegar, en lugar de llamarlo o de mandarle un mensaje de texto avisándole dónde estaba, se me dio por combatir mi ceguera colectiva (cuando hay mucha gente en un solo lugar, todas las personas me parecen las mismas y no suelo reconocer a nadie) y saludarlo desde atrás.

Minutos después de rastrear el lugar con la mirada, había encontrado al señorito ubicado.

Cuidadosa y sigilosamente, caminé despacio hacia mi presa para que no se diera cuenta. Y cuando llegué a la banca y exclamé muy emocionadamente “¡hola, mi amor!” me topé con una desagradable sorpresa.

Aquel muchacho no era mi enamorado.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Carta al futuro


(Supongamos que, en un futuro muy lejano, alguien o algo encuentra esto escrito en el 2012 y en lápiz y papel)

Hola.

No sé quién eres y, probablemente, tú tampoco sepas quién soy, pero aquí te lo comento para que te ubiques un poquito.

Me llamo Alessandra, tengo 22 años y escribí esto el 06 de diciembre del 2012 (es decir, 15 días antes del supuesto “fin del mundo”) con el propósito de que, si alguien llegó a salvarse o volvió a existir vida milagrosamente, leas esto y recuerdes o sepas cómo fue el último año de nuestras vidas (sin nombrar casos de política o economía, campos que nunca me interesaron).  

- El año empezó con un sismo de 7 grados en Japón, pero sin víctimas ni alerta de tsunami felizmente.
- Se celebraron los Juegos Olímpicos en Londres, en donde un nadador chino hizo historia al tirarse a la piscina antes de que suene la alarma y luego ganar la carrera. Además, el jamaiquino Usain  Bolt venció en los 100 metros, su segundo título olímpico en esa distancia, con una marca de 9.63 s, la segunda mejor de la historia y récord olímpico.
- Dos virus conocidos como Los Wachiturros y Las Culisueltas invadieron gran parte de América Latina, especialmente a los jóvenes. Todos tuvieron que ser exorcizados.
- Se estrenó, por fin, la última película de la patética saga Twilight.
- En Colorado-EE.UU., durante el estreno de la película The Dark Knight Rises, se produjo un tiroteo llevado a cabo por un pistolero solitario, el cual dejó 12 muertos y 59 heridos. Posteriormente, no se incrementó (más) seguridad en los cines y ni se revisaron a las personas que acudieran a este establecimiento. Viva la inteligencia humana.
- La avaricia y brutalidad del hombre no cesó y logró que varios animales sean declarados oficialmente en peligro de extinción, como el tigre, el leopardo de las nieves, la tortuga Baula, entre otros.
- Un montón de chibolas ridículas se raparon la cabeza en honor a su ridículo ícono Justin Bieber porque este, según las noticias, padecía de cáncer. Esto resultó ser mentira.
- Samsung se coronó como el troll del año al pagarle a Apple la suma de mil millones de dólares con monedas de 5 centavos cuando perdió el juicio contra dicha marca.
- La herramienta de gileo de muchos -en ese entonces- adolescentes desapareció, pues, en la segunda mitad del año, se anunció el cierre de MSN Messenger. Minutos de silencio, por favor.
- Curiosity, una misión espacial de exploración marciana dirigida por la NASA, aterrizó en Marte exitosamente, enviando sus primeras imágenes a la Tierra.
- El extraño fenómeno del KPop llegó al Perú, logrando su máxima expresión al observar a jovencillas acampando afuera del Jockey Club (con el propósito del concierto del grupo Big Bang) no uno ni dos, sino siete días antes del concierto.
- Las puteadas y desahuevadas de Natalia Málaga funcionaron, porque Perú clasificó al Mundial de Vóley 2013 y ganó el Sudamericano de Voleibol de Menores. 
- Un coreano conocido como PSY se convirtió en una sensación a nivel mundial gracias a la famosa  página de videos YouPorn (perdón, Youtube), en donde este personaje salía entre haciendo el ridículo, siendo él realmente y haciendo el “paso del caballo”.
- Un paracaidista austríaco saltó desde un globo hacia la estratófera desde una altura de 38 kilómetros sobre la tierra, en un intento por romper la barrera de sonido.
- A mediados de diciembre, un joven de 20 años llamado Adam Lanza entró a un colegio en Connecticut-EE.UU. portando 4 tipos de armas y asesinó a 20 niños (de las edades entre 5 y 10 años) y a 6 docentes. Días después del tiroteo, Gringolandia no pronunció ninguna nueva ley sobre la venta y uso de armas en el país.

Y así, sin más acontecimientos por nombrar, debo dejarte, desconocido lector, pues pondré a cabo el lema del 2012:

A huevear y a cachar, que el mundo se va a acabar.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El amor


Se conocieron de la manera no convencional, pero no diré cuál.

Ella estudiaba comunicaciones; él estudiaba administración. Ella quería encontrar a alguien. Él necesitaba encontrar a alguien. Ella estaba confundida y atrapada en una coraza, pero él estaba determinado a atacarla.

Comenzaron a hablar seguido hasta conocerse. Luego comenzaron a verse para comprenderse.

Iban a comer juntos, a conocer nuevos puntos limeños (y los antiguos también) y a besarse por ahí.

Poco a poco fue ocurriendo lo inevitable: cada uno pensaba más en el otro, se imaginaban la vida con él/ella, ponían sus prioridades antes que las propias, sentían huevaditas en el estómago, se extrañaban si no se tenían cerca y anhelaban el día en que se volvieran a ver.

Y lo obvio no se hizo esperar, porque la maldita incógnita “¿qué somos?” los comenzó a atacar.

Sin embargo, pasado un buen tiempo, se dieron cuenta de que no tenían que decirlo, porque todo había caído solo en su lugar.

Supongo que así es el amor.