jueves, 19 de junio de 2014

Los años maravillosos

Nos crecen las tetas.
Se nos para más.
Engordamos.
Somos más amargados.
Nos estresamos más.
Aumentan las responsabilidades.
Somos más independientes.
Nos rompen el corazón.
Nos jorobamos más.
La cagamos más.
Somos más serios.
Nos invade la flojera.
Nos enamoramos.
Nos enfermamos.
Nos emborrachamos.
Perdemos la conciencia.
Perdemos amistades.
Nos llenamos de matrimonios y bautizos.
Conocemos la cruda realidad.
Dormimos menos.
Se nos acaba la plata rápido. O sentimos que nunca la tenemos.
Nos drogamos.
Nos descuidamos.
Cambiamos de estilo.
Nos pintamos el pelo.
Nos salen arrugas.
Luchamos.
Nos sacrificamos.
Usamos máscaras.
Reímos hasta llorar.
Lloramos hasta reír.
Disimulamos.
Pretendemos.
Morimos.
Revivimos.

Pero también bailamos sobre la lluvia.
Nos creemos cantantes en la ducha y al volante.
Dejamos lo que estamos haciendo para reventar burbujas de plástico.
Contestamos el teléfono de juguete cuando un critter nos llama.
Disfrutamos viendo los dibujos de nuestra época.
Nos ponemos a bailar sin darnos cuenta.
Logramos cosas con nuestro esfuerzo.
Disfrutamos del sexo.
Hacemos lo que queremos.
Viajamos por nuestra cuenta.
Seguimos cometiendo errores.
Nos cuidamos.
Nos descuidamos.

Pero qué bueno que aún seguimos siendo los mismos.
Mamina y Paparmando
Armandi
Armandi y Bruno
Cheli
Los seis hermanos
Magali
Mamina
Mamá
Paulo

miércoles, 7 de mayo de 2014

Cómo mejorar tu día

Pasos sencillos para mejorar tu día de mierda en un día feliz o, al menos, pasable:

Probar una nueva posición sexual.
Putear a esa persona que tanto se lo merece.
Escuchar esa canción que olvidaste que existía.
Satisfacer ese antojo de hace meses.
Hacer lo que dejaste ayer. Y antes de ayer. Y el día antes.
Súbele el volumen a la música (satánica).
Reír hasta orinarte encima.
Apagar el celular.
Bailar como si nadie te estuviera viendo.
Prueba algo nuevo.


Y, mi favorito, visitar de manera sorpresa a los abuelos.


miércoles, 23 de abril de 2014

No estoy preparada

Siempre he tenido las ganas, pero no estoy preparada para ser mamá.


No estoy preparada para contarle eso a mis papás si aún me da roche decirles que no fui a clase.

No estoy preparada para los síntomas si con las justas puedo con los cólicos.

No estoy preparada para que me crezca la panza y la gente comience a dudar si estoy gorda o en bola.

No estoy preparada para dejar la universidad para dar a luz.

No estoy preparada para las contracciones. Y seguro tampoco mi flaco para tomarle la mano.

No estoy preparada para elegir un nombre que le guste tanto al flaco como a mí.

No estoy preparada para madrugar cuidando al critter si aún tengo que madrugar por exámenes o trabajos.

No estoy preparada para alimentarlo adecuadamente si yo apenas puedo freírme un huevo.

No estoy preparada para pasar de dormir ocho horas a cuatro o ninguna.

No estoy preparada para enseñarle a alguien a gatear, caminar, hablar, usar la basenica si yo aún me orino encima.

No estoy preparada pero tengo que estarlo, porque estoy embarazada.










O al menos en mi sueño lo estaba.

jueves, 27 de marzo de 2014

Púas en el cielo

Este mes ibas a cumplir un año más de vida.

No sé cómo pasó; no sé por qué sucedió. Pero ese día Sonic partió.

Es extraño, triste y desesperante, porque a veces lo extraño tanto que me pongo a llorar. A veces puedo jurar que lo escucho raspando el piso de su casa -ya desarmada- o desperezándose después de despertar. A veces, de noche, miro el reloj y pienso que ya es la hora de comer. O calculo si ya ha despertado mi eterna bola de púas para ponerme a jugar con él.

Luego me cacheteo y vuelvo a la asquerosa y penosa realidad: Sonic se fue y no volverá. No volveré a a bañarlo en el lavamanos ni a sacarlo a pasear. No volveré a despertarlo y hacerlo renegar. No volveré a sobar su pancita más suave que el algodón de azúcar. No volveré a volverme loca de lo bonito que era. No volveré a tenerlo encima de mi panza mientras leo un libro. No volveré a tenerlo.

Pero, aunque suene cursi, desde que se fue espero y seguiré esperando el día en que volvamos a jugar.


















Así es exactamente como me imagino a Sonic ahora

miércoles, 19 de marzo de 2014

Historias de combi

Antes de comenzar en el nuevo trabajo, tomé la decisión de ir en combi a la oficina, para así ahorrar plata y gasolina (siempre he sido bastante un poco roña; qué puedo decir).

No obstante, no puedo decir que me arrepienta de esta decisión, porque realmente es una aventura viajar en combi en Lima.

Todos los días pasa algo: el chibolo se sienta en el asiento reservado y no se levanta cuando sube un anciano o mujer embarazada, por lo que lo comienzan a fastidiar. La señorita con perfecta salud le exige al señor que le ceda el asiento solo porque es mujer; el señor, amablemente, se niega (pobre, está cansado) y la señora de al lado lo comienza a tildar de machista. La señora que está parada se queja con el conductor y cobrador por lo pésimo que el primero maneja y el bullying hacia ellos se extiende por todos los pasajeros.

Pero, aparte de estas y otras anécdotas, existen las que cada uno forma, como, por ejemplo, elegir quién será tu compañero de viaje.

El escenario es el siguiente: alzas el brazo para parar la combi, te fijas desde afuera si hay asientos libres (si puedes darte el lujo, porque sino subes sin importarte lo llena que esté), confirmas que sí, te subes y descubres que hay tres sitios libres en tres asientos de a dos. Sabes que solo cuentas con algunos preciosos segundos para tomar la decisión antes de que el carro se llene por completo, así que te dispones a escanear rápida y prejuiciosamente a tus tres posibles compañeros de viaje y descartas a los que, crees, no te dejarán sentarte cómodamente, te molestarán con ruidos fastidiosos o perturbarán tu paz con cualquier otra acción.

Una vez tomada la decisión, te acercas a tu próximo sitio, pides al otro viajero que te deje pasar (si fuera el caso) y acomodas tu cuerpo en el asiento, pensando que tomaste la decisión correcta y que por fin podrás descansar del largo día que has tenido, pues este viajero parece tranquilo, silencioso y llevable.


Pero te equivocaste: es pedorro.

martes, 25 de febrero de 2014

Mamina y Paparmando


La Mamina lo conoció y se enamoró de él a los 14 años, pero recién a los 16 estuvo con su amado.

Ella dice que fue amor a primera vista. Él dice que nunca había visto a una mujer más hermosa.

Se casaron en 1953 y tuvieron 6 hijos, de los que salieron 6 nietos hasta el momento.

Ahora ella duerme sola y lo extraña. Sus cuartos quedan a menos de 5 metros de distancia, pero lo extraña. Y él, cuando ella no está cerca por más de 5 minutos, comienza a extrañarla también y a llamarla.

Lo primero que hacen al despertar es pensar en el otro. Y lo último que hacen es darse un beso de buenas noches. 

Ella le dice "amor", pero él le dice "Chela". Creo que les gusta que nadie más llame al otro de esa manera, porque sonríen después de decir esas palabras de cariño.

Hace un par de meses fue el cumpleaños del Paparmando. Cuando le dijeron que le querían tomar una foto con su regalo, dijo "Chela, ven rápido". 

Hoy es el cumpleaños de la Mamina y, cuando le pregunté sobre sus regalos, dijo "yo tengo el mejor regalo desde hace años".

Definitivamente, esa es la historia de amor que quiero yo.




miércoles, 19 de febrero de 2014

Poema de miércoles

Conozco esa sensación de cuando te comienza a gustar una nueva persona: la cara se te pone idiota, el cuerpo se convierte en torpe y esa persona se vuelve hermosa (a tus ojos, porque para los demás es un bodrio).

Conoces lo que pasa cuando te ilusionas, te emocionas y te enamoras porque al fin estás con la persona que siempre quisiste: tu príncipe churro y bien dotado o tu princesa churra y, además, inteligente. Por fin piensas que tu vida no es una desgracia y que el mundo es de color rosa.

Conoce cómo se siente cuando la relación termina cuando menos te lo esperas y tú quedas hech@ mierda, pero con las ganas y la ilusión de que pronto solucionarán las cosas y de que todo volverá a ser como antes (ay, si serás ilus@) porque, a pesar de conocer el dicho “donde hubo fuego, cenizas quedan” y también el de “regresar con tu ex es como bañarte y ponerte la misma ropa”, eliges el primero porque eres así: te gusta sufrir y sentir que si una persona fue tuya en el pasado, seguirá siéndolo por largo rato.

Conocemos qué viene después de enterarte de que esa persona solo te estaba ilusionando y de que ahora está en algo con otra o con otro. Conocemos los insultos que soltamos a esos malnacidos ingratos, pero sabemos que eso no nos hará sentir ni una pizca mejor.

Conocen esa emoción de sentir que, después de estar varios meses mal (¿o fueron años?), por fin has vuelto a la normalidad con ganas de estar solter@ y de hacer lo que quieras, pero te recomiendo que de una vez vayas yendo a recoger una aguja para pincharte el globo, porque pronto empezará todo de nuevo.

Conozco, conoces, conocemos ese vacío que, por más que lo intentemos, no se llena con comida. O tal vez con dos pizzas.



* post inspirado en la historia de Gio