miércoles, 5 de agosto de 2015

Carta para mi hij@ adolescente

Luego de hacer la carta parael/la hij@ qu alguna vez tendré y para el/la niet@ que tendré algún día, hoy toca enseñarles la carta para mi hij@ adolescente.

Aquí va.

“Querid@ hijit@:

Hoy dejas de ser mi adorad@ critter para entrar a la primera etapa terrorífica de tu vida (y probablemente de la mía siendo madre): la adolescencia.

Y para que puedas sobrevivir a ella, tu madre que te quiere mucho te ha resumido algunos tips, hechos y consejos para que puedas sobrevivir a esta etapa de la mejor manera.

  • Te romperán el corazón una y otra vez y te dolerá hasta sentirte morir. Lo importante es que sepas que las cosas pasan por algo y que, si no resultan como esperas, es porque vendrán cosas mejores. Pero si la sensación de tristeza no se va, me das la dirección del maldit@ que te hizo esto y estoy segura de que tu padre y yo haremos que a él/ella le duela también.
  • Vivirás el nacimiento y fallecimiento de un sinfín de modas. ¿Mi consejo? No las sigas. Las modas te quitan parte de tu esencia y de tu personalidad. Si algo te gusta, cómpralo y úsalo porque es de tu agrado y no por seguir a los demás (además, yo no pienso ceder a todos tus malditos caprichos)
  • Posiblemente jalarás muchos exámenes (espero que cursos no) y sentirás que nunca acabarás el colegio, pero debes pensar positivamente, organizarte y priorizar las cosas (entiende que tampoco te vamos a pagar los estudios por siempre)
  • Tu círculo social crecerá, pero, nuevamente, recuerda siempre ser tú misma. Ten y sigue tus propios valores/principios y no te dejes influir por nadie. Sigue tu voz interior (perdón por la huachafería, pero hoy es un día emocional para mí)
  • Explora, investiga, arriésgate. Poco a poco, y con tiempo y paciencia, descubrirás cuál es tu talento. Cuando lo hagas, no dejes de hacerlo. Recuerda: elige siempre lo que te haga feliz
  • Sé feliz. Sé que estás en una etapa dramática, pero, carajo, sé feliz. Y disfruta todo lo que puedas (sin olvidar las posibles consecuencias)
  • Retomando el tema del amor, posiblemente antes de los 18 conozcas a tu primer amor (o a la persona que sientas que es la primera). Elígelo bien –aunque es difícil elegir en el amor–. Seguro tu papá te dirá que lo analices antes; yo, en cambio, te diré que, si te sientes bien, hazlo (sé que algún día alcanzarás un balance en este punto)
  • Cada día te afrontarás a nuevos retos y tendrás que tomar decisiones por ti mism@. Yo no te diré qué hacer, pero te daré las herramientas necesarias para que tú decidas lo que creas que es mejor para ti (y lo evaluaré, claro, porque tampoco dejaré que cometas tantas burradas)
  • Y hablando de tomar decisiones sabiamente, cuidado con lo que publicas en redes sociales, muchachit@. Si vas a rajar del colegio, no publiques el nombre; si vas a enviarle una foto subida de tono a tu pareja, guárdala para ti o enséñaselo en persona (estamos en confianza, descuida)
  • En ocasiones pensarás que nadie te entiende y querrás encerrarte en tu cuarto por horas. Tómate un tiempo para ti, pero tampoco te pases de pendej@ haciendo acto de presencia solo para comer, cagar y dormir. Somos tu familia por algo; confía en que entre todos encontraremos una solución para ayudarte (además, recuerda que todos fuimos jóvenes alguna vez)
  • Finalmente, lo más importante: aprende a pedir perdón. Si lo logras, podrás ganar en cualquier discusión (y hacerlo no te hace menos tampoco)
Y si la adolescencia te parece difícil por lo que te he comentado, solo te digo una cosa: DESPIERTA. Pronto llega la adultez.

Te quiere,

Mamá”.

jueves, 9 de julio de 2015

No me enseñaron

Siempre he pensado que, más que los profesores, los verdaderos maestros son los papás. Nos dan las herramientas básicas para nosotros trabajarlas y formar las personas que en el futuro seremos. Sobrevivir.

Ok, basta de cursilería. 

Hoy, después de mucho tiempo sin tocar el blog, quiero aprovechar para contar lo que no me enseñaron.

No me enseñaron a hablar italiano, pero sí a decir "por favor", "gracias", "perdón" y "te quiero".

No me enseñaron a cocinar, pero sí a usar las ollas para subirme a ellas y llegar más alto.

No me enseñaron a dibujar, pero sí a plasmar las cosas por escrito.

No me enseñaron a creer que caer estaba mal, sino que lo malo está en no levantarse.

No me enseñaron a no hacer travesuras, sino a hacer travesuras inteligentes.

No me enseñaron origami, pero sí a doblar una hoja bond como envase triangular para la canchita.

No me enseñaron a ver la temperatura en el termómetro, pero sí varios remedios caseros para bajar la jodida fiebre.

No me enseñaron a tocar ningún instrumento, pero me contagiaron el gusto por la música clásica hasta hacer que se me erice la piel cada vez que la escucho.

No me enseñaron a tejer, pero sí a separar la ropa por colores o por estación.

No me enseñaron a ver televisión; me enseñaron a disfrutar de mi niñez armando rompecabezas y volando cometas caseras.

No me enseñaron a hablar siempre, pero me enseñaron a notar esos detalles que muy pocos notan.

Me enseñaron a crecer.

Gracias por enseñarme que las cosas chiquitas son, en realidad, las cosas grandes.


miércoles, 3 de junio de 2015

Varada en el Jockey

Imagínate que se te apague el carro en una calle transitada, en hora punta, que te dé ganas de ir al baño y que no haya un restaurante cercano al que puedas ir para descargarte.

Todo eso me pasó, simultáneamente, hace algunas semanas.

Estaba manejando mi carro con Ximena camino a nuestras casas en San Borja cuando, sin que me diera cuenta, se me apagó el carro (me quedé sin gasolina por bestia, pero obviemos este tema) al costado del Jockey Club (poco antes del rompemuelles para subir al puente) en un día de concierto (gracias otra vez, vida). Puse las luces de emergencia y entré en ataque de nervios, como me pasa siempre cuando me siento observada y cuando los faltosos hicieron acto de presencia con comentarios como “¡muévete, mierda!” y “mujer tenías que ser” hasta que puse el triángulo de emergencia y los comentarios cambiaron a “flaca, ¿te ayudo?”.

Como sabía que estaría cerca, llamé a mi papá para decirle que me había quedado varada al costado del Jockey Club y que, por favor, trajera un poco de gasolina para Morris.

Pasaban los minutos y la espera disminuía, pero mis ganas para orinar aumentaban junto con la desesperación al notar que no había una tienda o restaurante para ir a orinar.

Solo tenía una opción (y bautizar a Morris no era ella): el Jockey Club.

- Disculpe, ¿puedo usar el baño, por favor? Es urgente.
- Aquí no hay baño, señorita.
- Señor, ¿cómo quiere que crea que en este lugar inmenso no hay baño? Se lo ruego; ¡mi vejiga no puede más!
- Es que…
- ¡Por favor! Solo quiero orinar, señor. Mi carro está afuera varado. Solo voy a estar unos minutos y luego desaparezco de su vista.
- Ya, está bien, señorita, pero apúrese.

Recordando las clases de Educación Física, corrí con todas mis fuerzas (y kilos de más) hasta los baños que el señor me había indicado solo para darme cuenta de que estaban cerrados.

¡NOOOOOOOOOO!

- Señorita, ¿qué pasó? ¿Por qué grita? Apúrese que mi jefe me va a regañar.
- ¡Están cerrados! ¿Tiene papel? Orinaré detrás de los carros en las piedritas; no me importa.
- Asu, ¡realmente tiene ganas!
- (No, huevonazo, te ruego porque me da la gana)

Al cabo de unos segundos que se me hicieron eternos, el señor regresó con harto papel y yo me fui atrás de los carros, mirando hacia todos lados para asegurarme de que nadie estuviera mirándome mientras me bajaba el pantalón y el calzón, pensando en por qué rayos nunca iré al baño cuando tengo uno cerca.

Después de casi un minuto, salí de mi escondite, agradecí al señor y regresé adonde estaban Ximena y mi papá con un Morris funcionando de maravilla.

- ¿Adónde te fuiste?
- Al baño, pa. ¡¡¡Gracias!!!
- Bueno, última vez que te salvo. Para la próxima llenas el tanque con pichi o ya tú ves qué haces.


Lo peor es que, con la vejiga que tengo, no creo que eso sea difícil.

jueves, 23 de abril de 2015

Estoy bien

Tengo la mala costumbre, en ocasiones, de pensar A, pero decir B para no quedar como cagona con la otra persona.

Me muerdo la lengua para no herir sus sentimientos y me trago los míos con floros baratos (pero efectivos).

Aquí algunos ejemplos de lo que digo y de lo que realmente quisiera decir:

- “Te aviso” = no te voy a avisar nada. Solo te digo esto para terminar la conversación y dejes de interrumpirme. ¿No hablamos desde hace meses y me hablas exclusivamente para pedirme un favor? ¿No puedes entrar a Google en vez de usarme a mí como diccionario? Ubícate, pues

- “No (me) pasa nada” = sí (me) pasa algo. (Me) Pasa todo, pero no te digo nada porque de ahí me dices que soy exagerada. Pero ten en claro que la acabas de cagar y no te das cuenta, así que más te vale retroceder mentalmente la conversación para que sepas qué hiciste mal y hagas algo al respecto

- “Me parece bien”/”no hay problema” = pésimo todo. Creo que lo que yo digo tiene más sentido, pero si insisto sería cambiar todo y atrasarnos más, así que le daré una oportunidad a lo que dices. Confío en ti (o quiero creer que lo hago)

- “De todas maneras voy” = me encantaría poder inventar una excusa desde ya, pero estoy ocupada y ahorita no se me ocurre cómo decirte, de manera bonita, que no me da la puta gana de ir

- "No estoy ocupada" = en verdad sí estoy ocupada, pero soy muy maricona como para chotearte o ignorarte y muy tonta porque dejaré lo que estoy haciendo para ayudarte, así que dime de una vez qué quieres de mí y más te vale que sea algo fácil

- "Sí me puedes pedir un favor" = no. No quiero que me pidas favores, especialmente si eres alguien con quien hablo una vez cada 3 años. Por favor, revisa a tu lista de amigos y de contactos y verás que hay alguien con más predisposición para ayudarte que yo

Y la que nunca pasará de moda:

-  “Estoy bien” = no estoy bien y no entiendo cómo puedes preguntarme eso. ¿No ves mi cara de pocos amigos? ¿No ves esta máscara que traigo? Todo me va mal, mi vida es una mierda, pero qué flojera contarte de principio a fin


Por eso, estoy bien.

jueves, 5 de marzo de 2015

Paparmando

A mis 24 años he sentido varias veces que me rompían el corazón.

Sentí que mi mamá me rompió el corazón cuando no quiso comprarme la muñeca que quería cuando era niña. Sentí que me rompieron el corazón cuando el chico que quería me dijo que no quería estar más conmigo. Sentí que se me rompía el corazón cuando mi bola de púas dejó de moverse.

En esas y otras ocasiones sentí que el corazón se me rompía por algunos momentos y que luego volvía a su estado normal.

Lo que ahora experimento es diferente. Cuando me dijeron que al Paparmando le dieron dos días de vida sentí que se me rompía el corazón en mil pedazos. Cuando me dijeron que se había ido pocas horas después sentí el corazón hecho añicos.

He estado en negación porque aún no creo que ya no esté aquí. Lo miro atrapado en un cofre y le susurro, impulsiva e ilusamente, “abre los ojos; te quiero abrazar”. Hoy estoy más tranquila porque sé que él también lo está, poniéndose al día con sus hermanos y papás y ahora cuidándonos, porque ahora es un ángel más.

El Paparmando era renegón, pero tenía un corazón y alma de niño. Siempre preguntaba cómo te iba en los estudios o en el trabajo, se reía cuando lo llenabas de mimos, hablaba sobre sus hijos recalcando lo buenas personas que eran, agradecía a todos por saludarlo y visitarlo antes de irse a dormir, sonreía al ver a un erizo aun cuando este le levantaba las púas, jugaba con sus carritos de juguete y amaba todos los días a la Mamina, el amor de su vida.

Amaré y recordaré por siempre su historia de amor y las muestras de afecto que tuvieron hasta el último momento y desearé en secreto vivir lo que ellos vivieron.

Mamina, no pienses que esto es un adiós. Piensa que esto es un “hasta luego” al amor de tu vida, hasta que se encuentren físicamente de nuevo y puedan continuar con su historia der amor, ya que, como bien dicen, “el amor es eterno mientras dura” y yo sé que ustedes vivirán eternamente.

Paparmando, fuiste el mejor esposo, padre y abuelo que alguien pudo tener y, por eso, desde ya te digo “te extraño”. Gracias por tus sonrisas y por hacernos felices. Gracias por haber sido y seguir siendo parte de nuestras vidas.

Te quiero. 





miércoles, 18 de febrero de 2015

No dejes de ser feliz

¿Se han dado cuenta de que todos (por favor, no tomar en serio la generalización) seguimos la misma línea cuando felicitamos a alguien por su cumpleaños?

Cuando éramos chibolos, la frase “¡Feliz cumpleaños!” estaba seguida de “¡Nunca cambies!”, sin percatarnos que, en ocasiones, las personas cambian tanto que no llegamos a reconocerlas. Cuando crecemos, la frase “¡Feliz cumpleaños!” está seguida de “¡Que lo pases lindo!”.

Basta de sonseras. Basta de mensajes robóticos y sin sentimiento:

Yo te deseo con todo corazón…

Relaciones increíbles.
Que trabajes en lo que más te guste.
Que encuentres al amor de tu vida.
Que beses hasta que te duelan los labios.
Orgasmos inolvidables.
Que consigas lo que siempre deseaste (si trabajas duro para lograrlo; sino no).
Aprendizajes todos los días.
Las mejores juergas de verano.
Que te reconozcan.
Que logres grandes cosas.
Que experimentes a diario.
Mil noches de placer.
Que vivas de la mejor manera.
Abrazos diarios.
La casa soñada.
Que te saques la lotería.
Que nunca dejes de soñar.
Sexo imparable.
Que te compres el carro que querías desde niño.
Que viajes todos los años.
Que seas humilde y honesto siempre.

Y que nunca, nunca dejes de ser feliz.

jueves, 5 de febrero de 2015

Luchadores

Despierta.

Levántate.

Lávate la cara.

Desayuna. Hoy necesitas más fuerzas que ayer.

Báñate.

Medita bajo el agua.

Sécate.

Lávate los dientes.

(Sobre) Vive.

Ríe, habla, observa.

Come hasta que ya no te suene la tripa.

Lávate de nuevo.

Quítate lo malo del día.

Cámbiate.

Toma un vaso de agua. O dos.

Cierra las cortinas y la puerta, si así lo prefieres.

Apaga el celular.

Échate y cierra los ojos.

Nota el silencio. Disfrútalo.

Nota tu corazón. Escúchalo. 

Aún late. Aún lucha.

Lo lograste, a pesar de todo.

Lograste sobrevivir otro día.

Puedes hacerlo un día más.



Vamos; lo estás haciendo bien.


Dedicado a todos los luchadores

*inspirado en un texto de Charlotte Eriksson