domingo, 18 de abril de 2010

Un no sé qué, que qué sé yo


A la mierda con los filósofos (entiéndase Platón, Aristóteles, Maquiavelo, etcétera) y sus semejantes. Para esta desubicada, las mejores frases son las que vienen de personas comunes y corrientes, en este caso, los guionistas. Y a los guionistas que escribieron estas líneas les besaría los pies, literalmente.

- "Si no he de conocerte nunca, haz al menos que te extrañe".
Soldado de la película La delgada línea roja

- ''That's when you know you found somebody really special. When you can just shut the fuck up for a minute and comfortably share silence''.
Pulp Fiction

- "It's the sense of touch. In any real city, you walk, you brush past people, people bump into you. In L.A., nobody touches you. We're always behind this metal and glass. I think we miss that touch so much, that we crash into each other, just so we can feel something".
Crash


- "I hate the way you talk to me, and the way you cut your hair. I hate the way you drive my car, I hate it when you stare. I hate your big dumb combat boots and the way you read my mind. I hate you so much it makes me sick, it even makes me rhyme. I hate the way youre always right, I hate it when you lie. I hate it when you make me laugh, even worse when you make me cry. I hate it when you're not around, and the fact that you didn't call. But mostly I hate the way I don't hate you, not even close, not even a little bit, not even at all".
10 things I hate about you



- "Sometimes we love people so much that we have to be numb to it, because if we actually felt how much we really love them, it would kill us. That doesn't make you a bad person, it just means that your heart is too big".
Riding in cars with boys

Y por si desean ver la escena completa, aquí tienen el video:



- ''Did you say it? 'I love you. I don't ever wanna live without you. You changed my life'. Did you say it? Make a plan. Set a goal. Work toward it, but every now and then, look around. Drink it in, 'cause this is it. It might all be gone tomorrow".
Meredith Grey en Grey's Anatomy

Porque lloré cuando pasaron este capítulo y porque me dan escalofríos cada vez que lo vuelvo a ver, los contagio con el video:



- "It isn't just death we have to grieve. It's life. It's loss. It's change. And when we wonder why it has to suck so much sometimes, has to hurt so bad, the thing we gotta try to remember is that it can turn on a dime. That's how you stay alive. When it hurts so much you can't breathe, that's how you survive: by remembering that one day, somehow, impossibly, you won't feel this way; it won't hurt this much. The very worst part is that the minute you think you're past it, it starts all over again".
Grey's Anatomy

Si deciden tomarse el tiempo para ver el video completo (no encontré uno más corto), se darán cuenta de que he editado la cita. Es lo que destaco de todo el palabrerío.

http://www.tv-dome.net/greys-anatomy-season-6-episode-1-and-2/

- Y por ser uno de mis videos preferidos de toda la vida (las citas, las imágenes, la música, TODO), con ustedes, Usa protector solar. Disfruten.



¡Eso es todo, amigos!

sábado, 17 de abril de 2010

¿Todavía me quieres?


Desde que posteé por última vez, me he despertado todos los días con la misma oración grabada en el cráneo: “Tengo que sacar el brevete, tengo que sacar el brevete”. Pero este ciclo, al parecer, existe un complot de los profesores en contra del alumnado, porque, apenas iniciado el 2010-01, he tenido un sinfín de lecturas para “disfrutar” cada bendito día.

15 de abril del 2010. Como mi hermana mayor está en Cusco, tengo el carro para mí sola, así que, en lugar de aburrirme con otra lectura más, decido ir a dar una vuelta y practicar mis dotes de manejo.

- Má, voy a manejar. ¿Me acompañas?
- Bueno, pero ¿no necesitas a alguien con brevete?
- Sí, pero voy a estar por aquí nomás, así que no hay problema.

Nos metemos al carro, nos acomodamos e iniciamos la marcha (inicio, mejor dicho). Al principio, para entrar en confianza, rodeo el parque que está a la espalda de mi casa hasta que comienzo a aburrirme y me invaden las ganas de ir más lejos. ¿La casa de la Mamina? No, aún no. ¿La UPC? Mucho tráfico. ¿El Pentagonito? Listo, vamos. Hago temblar unas cuantas veces el carro por no dejar en paz al embrague, dejo que me asalten las bocinas de otros carros por demorarme dos segundos (no exagero, DOS SEGUNDOS) en iniciar de nuevo la marcha después del semáforo rojo, soy puteada por una flaca porque accioné mi flecha izquierda y nunca volteé, pero todo me importa un carajo: estoy manejando como los dioses. ¡Al fin, ya puedo visualizar el brevete en mi billetera! ¡Pronto dejaré de ser un ave de corral!

Después de cuarenta minutos de saborear el placer de manejar, estoy en la puerta de mi humilde hogar. Jurándome ya una mami al volante, no me tomo mucho tiempo en pensar en alguna maniobra para meter el carro al garaje. Total, ¿qué tan difícil puede ser? De manera que simplemente giro el timón hacia la derecha (dirección de donde venía) y piso el acelerador, haciendo caso omiso a la clara afirmación de mi madre: “Estás muy pegada”.

- Sí la hago, má.
- No, estás muy pegada, hijita. Hazme caso.
- Tú tranquila. Tengo todo calculado. Mira lo bien que paso… –CRACK– ¿Qué fue eso?
- ¡¡¡TE CHOCASTE CON LA PUERTA!!! ¡¡¡TE DIJE QUE ESTABAS MUY PEGADA!!!
- ¡NOOO!

Díganme ustedes: ¿quién, pero quién más es capaz de chocar el carro con la puerta del garaje, aparte de esta desubicada? Salgo del carro y observo lo que acabo de causar: la puerta posterior derecha está levemente hundida y la pintura se ha rasgado un poco. Aparte de eso, no ha pasado nada más. Pero no hay que celebrar victoria, porque lo peor está por llegar: decirle la verdad a mi querido padre. Con el corazón latiendo a mil por hora, cojo el teléfono y marco el número de su oficina.

- Papáaa… –con voz de sufrida.
- ¿Qué le hiciste al carro?
- Hundí levemente una de sus puertas… ¡Perdóname! ¡Dime que todavía me quieres!
- Tengo que ver primero el carro y después te respondo. Chau.
- Está bien, pá. Chau.

Cuelgo el teléfono apenada, avergonzada y fastidiada. Segundos después, el teléfono de la casa suena. Es mi papá.

- ¿Pá?
- Sí, todavía te quiero.

“¡Mamá, mi papá todavía me quiere! ¡No me va a castigar ni prohibirme que saque el brevete!” Estoy contentísima, y esta felicidad aumenta cuando, más tarde, tengo a mi papá frente a mí felicitándome: “¡Nada mal para ser tu primer choque!”

Mis querid@s desubicad@s, siempre es bueno aprender algo nuevo cada día que pasa. Y yo he aprendido tres cosas en este día tan emotivo:

- Aprendí que todavía tengo que aprender a ver los espejos retrovisores, acordarme de usar las luces direccionales y, sobre todo, meter el carro en el garaje.
- Aprendí que los taxistas son las personas más impacientes que existen, aparte de mí.
- Y lo más importante: aprendí que siempre tengo que escuchar a mi mamá.

Amén.

viernes, 2 de abril de 2010

Como ave de corral


Lunes 22 de marzo del 2010. Hoy comienzo nuevo ciclo en la UPC, más conocida por mí como La Ratonera. Estoy contenta porque logré armar mi horario escolar: comienzo clases a las 8 a.m. y termino a las 2 p.m., por lo que tengo todas las tardes libres (técnicamente).
Salgo de mi casa a las 7:10 a.m., subo a la combi, bajo en Angamos a las 7:15 a.m. y camino al paradero, jurando que seré una de las pocas personas que espera su transporte. Pero apenas el enorme bus de Cruz del Sur desaparece rumbo al Óvalo Higuereta, una inmensa masa de estudiantes «upecinos» y «upecinas», sudando la gota gorda y desesperados por subir a la tan peruana combi, aparece ante mis soñolientos ojos. Yo, tranquilamente, me quedo parada, viendo cómo aquellos individuos suben a combis en donde CLARAMENTE no hay espacio ni para un perro, pero, ni modo: llegar tarde en el primer día de clases debe ser traumatizante para ellos (como lo sigue siendo para mí). Quince minutos después, siguen llegando combis al paradero y yo sigo dejándolas ir. Me rehúso rotundamente a viajar en donde ni siquiera puedo estirar el brazo, tengo el asqueroso trasero de otra persona pegado al mío y tambaleo cada vez que el conductor hace uno de sus bruscos movimientos. Diez minutos después, me doy por vencida. Si no subo a la combi ya, no llegaré a tiempo con este tráfico de mierda. Así que, contra mi voluntad, subo a la combi y me convierto en ave de corral por veinte eternos minutos.

Martes 23 de marzo del 2010. Antes de salir de mi casa, recuerdo la experiencia del día anterior y procuro que, esta vez, no vuelva a suceder. Pero sucede, y exactamente de igual manera: llego al paradero (esta vez, cinco minutos antes) y la misma e inmensa masa compuesta por «upecinos» y «upecinas» “decoran” el sucio paradero. Carajo. ¿Por qué a todos se les dio la puta gana de tener clases a las 8 de la mañana? Una vez más, y en contra de mi voluntad, dejo de ser Alessandra Cavagnaro desde el momento en que mi sandalia de gladiador toca el escalón de la combi y me convierto, nuevamente, en un simple ave de corral.

Uno pensaría que esta situación se calmaría al quinto día o a la semana siguiente, pero no. Durante dos semanas enteras, me aguanté estirar el brazo en la combi, tener el asqueroso trasero de otra persona pegado al mío, tambalearme con los movimientos bruscos del conductor; en fin, ser un ave de corral.

Hoy, apenas he llegado a mi casa, he abierto Facebook y puesto en mi status lo siguiente: “No sé quién es más idiota: 1) el conductor de combi por su salvajismo al manejar, 2) el cobrador por querer meter a gente en donde no hay espacio, 3) las personas que se suben a la combi viendo que no hay espacio, 4) yo, por viajar en combi. La mayoría de gente que me respondió optó por el número 3. Yo discrepo: estoy convencida de que la 4 es la opción correcta.

Pero esto está a punto de cambiar. Así es, amiguitos y amiguitas: he decidido, por fin, sacar el dichoso brevete. La verdad es que pude haberlo sacado apenas terminé el colegio, pero, por alguna razón, siempre inventaba alguna patética excusa para no hacerlo (a pesar de haber aprendido a manejar en menos de diez minutos con mi abuela de ochenta años en el verano 2008): “me da flojera estudiar la teoría”, “no es mi prioridad en este momento”, “todavía no me fastidia transportarme en combi”, “primero la beca, después el brevete”. Dos años después, cada una de estas excusas ha desaparecido.

1) Si puedo meterme 20 fórmulas de matemática en la cabeza en un día, la teoría de manejo será pan comido (¿no?)
2 y 3) En este momento, sí es mi prioridad sacar el brevete y sí me fastidia transportarme en combi. Si voy a ser un animal, prefiero ser chancho por lo gulosa que soy que ave de corral por viajar en combi.
4) Cuento con más de cinco ciclos para obtener la jodida beca; en cambio, si dejo pasar el brevete por cinco ciclos más y me acostumbro a ser ave de corral… Sin comentarios.

Así que, prepárense, limeños y limeñas, pues “Ale al volante, (no) es un peligro andante”. (Les dejo esta frase a su criterio).

sábado, 6 de marzo de 2010

Frases célebres de chicas comunes y corrientes


(Conversaciones que incluyen a A, AL, MF, M, S, P y X. En algunas ocasiones, a Intrusas también)


I. "Pequeña" confusión

M: Johnny Depp es demasiado. ¡Lo amo!
S: ¡Yo también! Me encanta cuando sale en Piratas del Caribe.
AL: A mí me gustó en Charlie y la Fábrica de Chocolates.
A: A mí en Sweeney Todd.
X: ¡A mí me encantó en Troya!
TODAS: ¿¿¿TROYA???
X: ¡Sí! ¿Él no actúa como Paris?
TODAS: ¡¡ESE ES ORLANDO BLOOM!!


II. Mucho pucho

P: Porque tú eres lo que yo más quiero (8)
A: Tú eres mi luna, mi cenicero (8)
P: ¡"Mi sol, mi cielo", estúpida!
A: ¡Ay, chucha! Con razón me sonaba raro...


III. Películas de ¿terror?

I: La saga de Saw es buena.
A: No me llama mucho la atención. Tampoco me gustan las películas de Jason X o Freddy Krueger.
X: A mí no me gustan las películas de Rocky.
TODAS: ¿Rocky Balboa? ¡Eso no es terror!
X: Ay, es que a mí me dan miedo...


IV. Probando la inteligencia

1) A: Construcción debajo del agua.
X: ¡Puente!

2) A: Cerdo salvaje.
X: ¡Chancho!

3) A: Pájaro grande y negro.
X: ¡Colibrí!


V. Ignorancia temporal

A: ¿Vamos al Kilimanjaro?
S: ¡Sí, vamos de expedición!
A: ¿Expedición?
S: ¡Sí! Al Monte Kilimanjaro, pues...
A: ¡Yo me refería al restaurante Kilimanjaro!


VI. Sospechosos del DVD

P: ¡Acabo de ver a dos patas en la esquina de tu casa persiguiendo a una chica con una pistola!
A: ¿Estás segura?
P: ¡Sí! Estaban por aquí... ¡Esos son!
A: Pierina, la "pistola" es un DVD.


VI. Insensibilidad conejera

P: Jose Mario me regaló un conejito lindo por mi cumple, pero se murió al día siguiente. Lloré toda la noche de la pena.
MF: ¿De la pena? Yo también hubiera llorado...¡pero de la vergüenza!

lunes, 1 de marzo de 2010

Crónica de una desubicada en Europa - Alemania/Perú


Yo pensé que uno, cuando viaja a otro país, comienza a extrañar a su gente desde el momento en que pisa suelo desconocido, o bien, desde que se sube al avión. Pero ese no fue mi caso.

Llegué a Alemania y me adapté casi al instante, pero sin dejar de lado algo que todo peruano siente, en algún momento, cuando sale a la calle. Y ese algo se llama MIEDO. Así, pues, fueron pequeños los detalles que me hicieron dar cuenta de que Europa es un universo completamente distinto al Perú (no meto a otros países de Latinoamérica pues no he estado en ellos).

Ejemplo número 1: apenas entro al carro de mi padrino, me dedico a ponerle seguro a cada una de las puertas, por puro instinto. Al terminar, siento su mirada postrada en mí. "¿Por qué me miras?", le pregunto. "Espérate unos días y te darás cuenta de que lo que acabas de hacer te sirve en Perú, pero acá no", me responde. "Sí, cómo no..."

Ejemplo número 2: estoy a punto de irme a dar una vuelta con Petra, la esposa de mi padrino, y me percato de que ha dejado la puerta del garaje abierta. "¿No la cierras?" "No, no pasa nada", me dice. "¿Que no pasa nada? ¡Pero esta tía está loca! Vamos a regresar y el garaje estará vacío". Me equivoqué. Como la mayoría lo supuso, cuando regresamos, el garaje estaba intacto.

Han sido, principalmente, dos cosas las que me han llamado más la atención de los alemanes: 1) saber -y tener la seguridad- que uno puede dejar algo valioso afuera de su casa y encontrarlo en el mismo estado al día siguiente, 2) saludarte con extraños en la calle.

Caso contrario al Perú, si dejara los perfumes de Carolina Herrera que posee mi hermana mayor, Andrea, afuera de mi casa por un día, sé que a la mañana siguiente no encontraré siquiera una gota de dichosos líquidos. En el otro caso, y al menos en el mío, yo no me saludo con extraños cuando recorro las calles de Lima. Si alguien lo hiciera, mi primera reacción sería que me quieren robar o, en otro nivel, simplemente preguntar por alguna dirección (como si yo les fuera a ser de gran ayuda).

Pero algo que no deja de sorprenderme es que los alemansitos no son tan mansitos como pensaba. Prepárate para leer esto, Cheli, porque aquí las niñas dejan de serlo a partir de las 12 años. Y no, no me refiero a que a esa edad les viene el periodo. Me refiero a que, a esa edad, los no-mansitos les quitan su inocencia (se entiende, ¿no?). Claro, uno podría decir que se trata de un "simple" liberalismo. Pero, en cuanto a mí se refiere, AL CARAJO CON EL LIBERALISMO. ¿¿¿Cómo una madre -o padre, mejor dicho-, en su santo juicio (aunque, pensándolo bien, diría que ya lo perdieron hace tiempo), permite que su hija de 12 años, si es que no es antes, se quede o invite a su enamorado a dormir en la casa??? ¿¿¿Cómo están tranquilas preparando la cena, viendo su novela, lavando la ropa, mientras su hija está arriba jugando al doctor??? Ni al caso; cada uno con su locura.

Alemania, me encanta, es cierto. Me fascina la nieve y el viento helado, forrarme como tamal por tanta ropa y, aun así, cagarme de frío, los árboles verdes y blancos, la confianza y el respeto entre la gente... Pasé las tres primeras semanas de mi aventura viajera tan fascinada con Europa que por mi mente pasaban muy pocos episodios de mi vida en Perú. Comencé a preocuparme. "¿Qué me pasa? ¿Por qué no extraño a mi gente como debería? ¿Acaso soy una ingrata de mierda a quien no le importa nadie?" Felizmente, esta preocupación cesó el lunes 15 de febrero, 4 días antes de mi regreso a Lima, el cual me lo pasé extrañando a mi Inca Kola, mi Chocman, mi Bembos, mi chifita, las combis, los colores, la risa de papá, la inocencia de mamá, los gritos de Andrea, las estupideces de Arianna, las enfermedades inexistentes de la Mamita Leti, la ternura de la Mamina, las alertas del Nextel, los mails con mi grupo para coordinar las salidas del fin de semana, la música latina, las películas y series en su idioma original y subtituladas... En fin.

Hoy es miércoles 17 de febrero y sigo extrañando y añorando a todos y a todo. Pero, al mismo tiempo, me encuentro con todas las ganas posibles de aprovechar mis últimos días en este mundo desconocido y, como dijo mi tía Erika, renovada para mi "temporada 2010" y con una nueva visión de la vida frente a mí, que antes no veía o valoraba.

Agárrense que ya llego.

Crónica de una desubicada en Europa - Francia/Inglaterra


Hoy es martes 9 de febrero y me encuentro nuevamente en Schöneck, Alemania, recordando mis últimas vueltas por Europa.

Recuerdo París y se me vienen, instantáneamente, dos palabras a la mente: soledad y discriminación -no intento ser dramática ni buscar la compasión de nadie; sólo trato de explicar lo que sentí-. Llegué al aeropuerto de Charles de Gaulle sin prisa y sin nadie que me recibiera con una sonrisa. Lo que recibí, en cambio, como bienvenida a este mundo desconocido, fue la mirada de cientos de ojos parisinos que exigían una explicación por parte de esta nueva intrusa en su casa. Y, lamentablemente, esta mirada se quedó conmigo hasta el final de mis días franceses. Desperté a la mañana siguiente preocupada y con dolor de cabeza por culpa de las tantas incógnitas que me atormentaban: ¿Adónde voy? ¿Cómo me movilizo? Pero, sobre todo, ¿¿CÓMO ME COMUNICO?? Así, pues, un viejo celular, tres guías de la ciudad y la frase "bonjour, do you speak english?" se convirtieron en mis fieles compañeros. Si encontraba a alguien que hablaba inglés, estaba salvada; si no, cagada. Por otro lado, sentí miedo. Miedo por los miles de kilómetros que me separaban de mis peruanos y alemanes, miedo por lo desconocido, miedo de la gente. El cambio de Schöneck a París había sido tan rápido que recién me chocó un día en que no encontraba mi hotel a las 18:30 de la tarde, con un frío que me congelaba el culo y un depravado persiguiéndome hasta la entrada de mi hotel. Aparatosamente, conseguí sobrevivir los cuatro días que estuve en París, solo para regresar a Schöneck y volver a volar a otro mundo desconocido.

Paris, Francia. Febrero 2010.


Recuerdo Londres y una sonrisa se dibuja en mi rostro automáticamente. A la mierda con París, a la mierda con Génova y a la mierda con Schöneck (con el respeto a mis parientes). Me encontraba en Inglaterra, tierra de The Beatles, Coldplay, Queen, Oasis, Harry Potter, el british accent. Igual que en París, estaba en una tierra lejana y desconocida, sin papi ni mami, sin amiguitos ni amiguitas. Estaba completamente sola, pero me importaba un pepino. Me acomodé y adapté instantáneamente y me enamoré de la gente, de los parques, del clima, del underground, del fish and chips, de los buses, de la phone booth. Y me enamoré tanto que la inocente idea de mudarme allá golpea mi conciencia hasta el día de hoy.

¿Alguien me acompaña?

Londres, Inglaterra. Febrero 2010.

Crónica de una desubicada en Europa - Italia

(Les sugiero que se acomoden porque esta me salió larga)

Lunes 25 de enero del 2010.

Apenas tres días después de haber pisado suelo alemán, tengo que volver al aeropuerto y tomar ahora dos vuelos: uno de Frankfurt a Roma y otro de Roma a Génova. Ambos vuelos duran menos de dos horas cada uno, pero, aun así, la idea no me entusiasma ni me hace contar los días como debería.

10:30 am. Aunque mi vuelo sale a las 11:15 am, llego al aeropuerto más temprano para hacer el check in y otros. Observo a la gente. Hay de todo: chinos, musulmanes, norteamericanos, españoles, africanos. Van con su pareja, su compañero de trabajo, su familia, sus amigos... En fin. Cada uno camina con alguien diferente, pero es exactamente esto lo que los iguala: todos cuentan con otra compañía. Por lo tanto, e instantáneamente, me siento alejada de los demás. Y me enorgullezco por ello, aunque, por dentro, me cague de miedo y siga gritando "mamá".

10:45 am. Justo antes de que sea mi turno, la señorita nos informa que hay una posibilidad de que cancelen el vuelo y que no hará más check in hasta saber más. "¿Qué carajo has dicho?", pienso.

11:30 am. Con mi conocida cara de culo, observo a todos los demás pasajeros, con diferente destino, dirigirse a sus respectivas puertas para abordar su avión. Y justo antes de morderme el labio y hacerme la décima herida de cólera, la susodicha nos llama. Es mi turno. "Buon giorno", nos saludamos mutuamente. "Pasaporto, per favore", me dice. "Anmgsjaefga gsdgdg fdsd?" ¿Entendieron? Yo tampoco. Y la misma cara que pusieron al leer eso la puse cuando la susodicha volvió a dirigirse a mí. "Parla italiano?", pregunta. "No, I don't". Podría haber respondido en alemán, pero supuse que después usaría esas palabras complicadísimas que sólo los alemanes y un buen estudiante entienden. "You're italian but you don't speak italian?" "¡Sí, mierda! ¡Cállate y dame mi pasaporte!" Mi reacción externa es de cólera, impaciencia y disgusto; la interna, la más intensa, es de pura vergüenza. "The planes leaves at 14:00. Be at gate D23 sooner". "Ok", le digo sin agradecer. Subo al segundo piso, donde está el food court, y me percato de que la situación es la misma que la de abajo: un X acompañado de Y y de Z a veces.

13:00 pm. Camino hacia la puerta 23, pero antes me detengo en la pantalla que señala los vuelos y sus horas. "A ver... Vuelo AZ403, de Frankfurt a Roma, vía Alitalia, salida estimada a las 14:00, puerta 23... ¡Perfecto!" Llego a la puerta 23 y me siento a esperar la llamada del vuelo. Apenas unos minutos más tarde, llega una señora, también con destino a Roma, anunciando que se había demorado el vuelo y que ahora saldría a las 16:00. "¡Puta madre! Y a las 16:00 nos dirán que saldrá a las 18:00, y a las 18:00 nos dirán que el vuelo se ha cancelado hasta próximo aviso". Percibo una gota de lágrima, pero me contengo. Saco un libro (gracias, Dios mío, por concederme el gusto por la lectura) y me acomodo en el asiento que aplasta mis huesos. El tiempo vuela.

16:30 pm. Por fin, después de no sé cuántas horas, me encuentro sentada en el avión que me llevará a Roma. Me acomodo y saco mi libro. Nuevamente, el tiempo vuela.

19:00 pm. Estoy en Roma sin tiempo para nada. El vuelo sale a las 20:00, pero el boarding time es a las 19:35 pm. "Por favor, ¡que esta vez no se demoren!" No se demoran en "chequinarnos", pero vuelven a tardarse una eternidad en despegar.

Son las 21:20 de la noche y estoy, POR FIN, en el aeropuerto de Génova. Estoy tan cansada que apenas entiendo los mensajes en inglés. "Solo falta mi maleta y listo". Pero la maleta nunca llegó. Me dirijo a Lost and Found y de frente suelto palabras en inglés. "No, miss. We don't have any baggage coming from Frankfurt. It must be still in Rome". Me aguanto las lágrimas hasta después de firmar el papel para encontrar mi maleta. Me alejo de aquel italiano y me dirijo rápidamente al baño, en donde me desmorono. Una, dos, tres lágrimas. Pero no por la maleta, sino por el día de mierda.

Hoy es miércoles 27 de enero del 2010 y me encuentro en el balcón del departamento de los Cavagnaro en Via Malvaro, completamente sola, escribiendo esto y recordando la noche anterior, cuando Diana, Edo y yo nos despedimos de Carla para irnos a dormir. Luego, Diana y Edo se despiden de mí, dejándome sola en el pasillo. Al poco tiempo, alguien apaga las luces y me deja en una oscuridad total. Tanteando, busco el interruptor hasta encontrarlo. Me dirijo al número 14 y meto la llave. No entra. "Por favor, no..." Pero ni mil por favores harán que se abra la puerta. "¿Qué número es, entonces? ¿13? A ver... No. ¿Y 12? Tampoco. Es 14, estoy segura. Debo de haber puesto mal la llave. Mierda, ¡no entraaaa!" Antes de romper la llave, me establezco dos opciones: 1) probar la llave puerta por puerta (en total, 30 putas puertas) o 2) tocar el timbre de Diana y preguntar por el número. Elijo la segunda opción. Muerta de vergüenza, le comunico a Diana que estoy perdida. "Por tercera vez: Carla es el número 7, yo el 17 y tú el 11". Le agradezco y le doy la espalda. Antes de cerrar mi puerta, escucho lo último de la noche: "Y así piensa irse sola a París y Londres. No sé cómo va a hacer".

Yo tampoco, Dianita.

Recen desde ahora.

Porto Vecchio, Génova. Enero 2010.

Y el video correspondiente: